Hola Ana:
Cuando logré dar con vos en Facebok tuve una sensación contradictoria, ya que pensaba que lo intentaba como un puente para llegar a encontrar a tu viejo, a quién no podía ubicar desde hacía varios años. Y en el mismo acto tuve la alegría de ver que, efectivamente, sos la hija de Orlando y que a él ya no lo encontraría.
Me cuesta entender, ahora, porqué uno se va dejando de ver con personas que quiere, sin que medie razón ni lógica alguna para ello. Personalmente me irrita esto y me hago cargo de haber cometido esos errores. En fin... ya está...
En el caso de Orlando este tema me duele particularmente, ya que él no fue para mí un amigo más, por el contrario, fue también un referente, una de esas personas que pienso que todos encontramos alguna vez y nos muestran un camino que luego seguimos porque "ése es nuestro camino".
Lo conocí a los 21 años (creo que era entre uno y dos mayor que yo) y hasta ahí yo no sabía mucho de política, me consideraba de izquierda, pero nada muy fundamentado. Pues bien, con sus charlas, sus comentarios, sus libros, su compañía, me hice marxista, lo cual, más allá de cuestiones estrictamente políticas, me dio una manera de ver el mundo, de sentir la vida, de comunicarme, de pasar todas y cada una de las circunstancias por un tamiz diferente, en definitiva de ciertos valores que no me resultó difícil mantener porque son los que siento, ni más ni menos.
Como te decía por ahí, no se trata de alguien que te inculca una idea, sino que uno "es así" y otro te ayuda a descubrirlo.
Otro tanto, y en una cuestión absolutamente distinta, me ocurrió con la pasión que siento por vivir en medio de la naturaleza y mi gusto fanático por la Patagonia.
A fines del 70, comenzamos a organizar un viaje, que en principio sería a los canales fueguinos. Íbamos a ser cinco o seis compañeros de la facultad. El asunto fue que, porque no pudimos conseguir los pasajes que supuestamente tendríamos gratis, por la distancia y cuestiones de cada uno, fueron desistiendo varios de nuestros amigos. Quedamos Orlando y yo. Y decidimos salir igual, no tan lejos, fuimos a Esquel. De ese viaje en la trochita son las fotos que vos tenés.
Fue mi primera experiencia de viajar "de mochilero" y pasar un mes viviendo en una carpita, que cambiábamos de lugar todos los días en nuestro afán de recorrer, de caminar, andar, andar...
De nuevo, el que tenía alguna experiencia previa al respecto era tu viejo. Ni él ni yo sabíamos si me adaptaría. La cosa es que a mí me resultó tan fascinante esa vida, que de ahí en adelante se convirtió en mi manera de viajar, de conocer. de vivir en medio de la naturaleza (es una sensación incomparable la que siento al acostarme a la noche y levantarme a la mañana a la orilla de un lago, un río, un bosque).
Obviamente, mis dos hijos (uno tiene 39, el otro 35), mis nietos (tengo dos, 13 y 9, varones también), siguieron y continúan con esa pasión, que nació de la mano de Orlando.
Tanto me gustó la Patagonia a partir del viaje con tu papá, que siempre tuve en la cabeza radicarme por allá. Y lo hice, con toda la familia. Hace veinte años nos fuimos a San Martín de los Andes (en ese entonces era una aldea, sin el marketing que tiene ahora y tanto me jode...).
Actualmente con mi esposa (se acuerda mucho de tu mamá) estamos algún tiempo en el sur y otro en Buenos Aires(ambos estamos jubilados).
Por cosas como éstas digo que la amistad con él fue referencial, con tu viejo pude hallar cosas que supongo yo traía, pero con su compañía salieron a la luz.
También hubieron gustos que no alcancé a compartir, Orlando era un amante de la música clásica y yo nunca pude dejar de ser tanguero, ahí no hubo acuerdo...
No obstante, el petiso, así le decíamos, fue uno de los tipos más bohemios, atorrantes (de los buenos, eh...), nocturnos que conocí. Yo lo jodía a veces diciéndole que "merecía ser un porteño tanguero". Algunas letras le gustaban mucho y las usaba irónicamente cuando conversaba, sobre todo las de contenido lunfardo.
Nos reíamos mucho con tu viejo, en cualquier charla, por dramática que pareciera, había lugar para meter una broma, aguda, inteligente, irónica, nos reíamos todo el tiempo...
Podría pasarme horas hablando de tu papá, además no me destaco por mi capacidad de síntesis... fijate que todo lo que llevo escrito es para explicarte porqué a partir de su amistad mi vida fue diferente.
No querría abrumarte, recuerdo muchas anécdotas de aquellos tiempos, pero quizá te canse un poco.
Sí te voy a contar cuál pudo ser alguno de los motivos por lo que dejamos de vernos, aunque, en realidad no lo sé, no estoy seguro.
Tiene que ver con mi alejamiento de Exactas (1976) previo al de él.
Yo tuve un amigo de la infancia, Ricardo, que por casualidad también lo fue en el secundario y también en la facultad. Cuando conocí a Orlando fuimos amigos los tres, junto con otra gente, lógicamente. Pero nosotros tres viajábamos juntos, estudiábamos juntos, salíamos a veces juntos.
En los años 71/72 participábamos de algunas manifestaciones políticas de la época en contra del gobierno, en aquel momento de Lanusse. Aquellas expresiones solían ser algo violentas, muy rápidas, de concentración y desconcentración fugaz.
En uno de esos acontecimientos nos encanaron a los tres juntos. Estábamos aproximándonos al lugar en un fitito que yo tenía y perdimos...adentro... Afortunadamente todavía la cosa no era tan pesada como lo fue unos años después y salimos en un par de días. Pero supimos que, lógicamente, quedamos escrachados, así como el vehículo.
Yo trabajaba en el Ferrocarril Sarmiento y por los años 74/75 tuve problemas...
Luego nació mi primer hijo y casi no dormía de noche, me costaba mucho. Entonces suspendí por un cuatrimestre. Cuando me aprestaba a volver estaba en marzo/76... y tuve miedo... debo aceptarlo, dado que tenía muchos conocidos/amigos muy comprometidos y el entorno no estaba para bollos. En noviembre de ese año se llevaron a Ricardo y no apareció más.
Para mí, y supongo que para todos quienes lo trataban fue un golpe muy duro. Yo quedé muy sentido con su desaparición.
Ahí dejamos de vernos con tu viejo, al menos cotidianamente, ya que cada tanto, en nuestras casas nos encontrábamos.
Una de las últimas veces que nos vimos fue cuando tu papá, con vos de unos dos años, cayó inesperadamente en casa. Luego, creo que fue el día del asado que recuerda tu mamá.
Y perdimos los rastros...
