domingo, 24 de agosto de 2014

Las diferencias



-Buenas, ¿cómo andas?

-Yo, escribiendo. ¿Vos?

-Intentaba hacer lo mismo.

-Aveces cuesta.

-Si, ordenar las cosas.

-Los tiempos, se desordenan, el ímpetu se va.

-Vos, ¿todo bien?

-Si y no, hay angustias de por medio.

-Uh, ¿qué pasó?

-No, nada. Son mis mambos.

-¿Te puedo ayudar?

-No, vos tenés novia. 

-¿? ¿Sino en que te podría ayudar? Siempre fantaseo con visitarte.

-Es angustia de soledad

-Nunca me respondiste los mensajes

-Corté con todos los oportunistas. Me hace mal.
Sé que después me hace mal.

-¿Querés decir que yo entro en ese grupo?

-Y si, yo te dije que me caés muy bien, pero no quiero sufrir, no por lo menos un sufrimiento que conozco. Y divertirme no me sale. Me gustaría que pudiésemos ser amigos.

-Entonces no te interesa divertirte conmigo.

-Divertirme a secas no puedo, así sin desearlo no puedo, no puedo proponérmelo y acotarlo a eso.

-Entonces no tenes un deseo para conmigo. Como te digo que yo si con vos.

-No, quizá no del mismo modo. Me gustaría que me deseases de otra forma, no solamente para divertirte. Quizá me cansé, quizá soy distinta. La diversión a secas nunca fue una opción en mi.

-Divertirnos, no divertirme.

-Si, bueno, igual.

-Y en esa diversión como lo llamás, también se comparten otras cosas.

-Pero yo estoy necesitando otra cosa. Me cansé de desear hombres que están casados, que tienen novia, que no quieren saber nada con una novia, que me buscan para reírse, salir, divertirse y después se van a dormir con otra, hablan de lo que les pasa con otra, comen con otra, etc.

-Esta bien. Y tenes razón.
Pero tengo lindos recuerdos y me da bronca no poder repetir, verte.
Te llamaria ahora.Te veria ya.

-Te entiendo, a mi me da bronca no poder tener lo otro, me angustia y justo estaba escribiendo porque aveces sufro y lloro, y escribiendo me desahogo.

-Tampoco quiero eso y seguro no pasa, hacerte mal. ¿Te dejo tranquila querés?

-Bueno. Te mando un beso, igual.

jueves, 14 de agosto de 2014

Reseña del libro Minitas










Minitas
Ana López
Textos Intrusos (2014)
138 páginas




Sin entrar en la discusión sobre cuánto bien o cuánto mal le hizo el denominado minimalismo y realismo sucio de Carver o la crónica -como género literario- a la literatura contemporánea argentina, podríamos decir que los 13 relatos (de 13 mujeres) contenidos en este libro son un híbrido entre ese estilo y ese formato. No entro en esa discusión porque mis conocimientos –hasta el momento-  no hacen posible elaborar una opinión objetiva sobre el asunto. Sí soy capaz de plantear y contradecir –en cierto grado- una afirmación de la contratapa del libro, escrita por Juan Martini.  Hago el siguiente planteo: Si verdaderamente a estas mujeres “el sexo las atraviesa como una metáfora despiadada de la soledad” uno esperaría encontrar –con el mismo detalle exhaustivo con que se presentan situaciones, personas, ambientes, gestos, diálogos y pensamientos- narraciones sobre cómo surge el deseo femenino, qué lo dispara y qué clase de fantasías produce.
Lo que encontramos, en cambio, es una suerte de monólogo corto, afirmaciones: “Seis meses sin coger y vas a ver cómo podés, pienso yo, pero no digo nada.”
Otro: “Ellas, cada vez más fuerte, siguen su debate sobre sexo y estimuladores químicos. Al menos cogen, pienso”
En el último de los relatos, un hombre le dice un piropo a una mujer que sale a la calle para sacar la basura: “Te daría hasta que no te acuerdes cómo te llamás”. Luego, la mujer se masturba dos veces pero no sabemos más que eso, lo fáctico. Al menos hay que festejar que el piropo no ocupa el lugar de ofensa y tiene –aparentemente- el lugar de disparador.
Si el objetivo del libro es mostrar el escenario, el statu quo del mundo femenino todavía pudoroso, el misterio -en relación al deseo- y las dificultades que se le presentan -en general- a mujeres (todavía) jóvenes, es un objetivo cumplido. Si en cambio la idea era narrar -también- el deseo, fracasa. Me planteo las opciones porque tampoco queda claro cuál de los dos es el objetivo, creería que el segundo.
Cuando hablo de narrar el deseo no hago referencia a la literatura erótica ni a la pornografía porque los relatos contenidos en Minitas tratan muchos otros temas (ya archiconocidos) desde una perspectiva femenina: los hijos, la soledad, el matrimonio, la convivencia, lo doméstico, la familia, el trabajo, etc. Me refiero, para ser precisa y clara,  a que las narraciones sobre el deseo femenino devienen en una especie de  mutismo misterioso o en un “hermetismo de códigos de género” (tal como dice Martini, pero refiriéndose a esos otros asuntos recién mencionados).
Se me ocurre que sería prudente citar contraejemplos contemporáneos. Tengo presentes algunos. La novela No se dice Mamushka (Milena Caserola, 2013de Karina Wainschenker podría ser uno. Los demás ejemplos que recuerdo haber leído son novelas escritas por hombres, hombres imaginando el deseo femenino (aunque con mucho talento): Verano de J. M. Coetzee, Plataforma de M. Houellebecq.
De la manera sucinta que está presentado el deseo femenino en los relatos de Minitas se permanece en un lugar un tanto conservador, dejándole ese espacio a otros para que lo imaginen, a otros que –quizás- no lo han experimentado. Si el realismo pretende la reproducción exacta, completa y sincera de la época en que vivimos ¿Cuál sería el motivo para permanecer en ese molde tradicional y gastado?