Me tratabas bien, más de lo que esperaba.
No entendía bien por qué pero acepté.
La música era un puente firme que fuiste armando para cruzar
una por una, todos los días.
Me gustó tu voz,
la primera vez que la escuché desde un teléfono ajeno
una noche incómoda, de pura casualidad.
¿Qué te parece Manuel? No lo conozco pero Manuel es divino, contestaba yo.
La foto con libros de matemática, un pizarrón y tu pelo arbolado,
(eso que no supiste y sumó)
me transportaba en segundos a la infancia, una biblioteca y una barba
que hace años no está, no puedo ver ni tocar.
Desde que aprendí a leer en mi casa estaba Apostol
Rey Pastor, Álgebra lineal y Lagrange.
Todavía los conservo con las hojas amarillas, el olor dulce y rancio
Y todos los que me compré yo, además.
Me dejé llevar. Nos vimos.
Caminamos mucho hasta encontrar un bar. Hablamos por horas.
Al otro viernes fuí a tu casa. La primera estuve un poco cohibida.
La segunda, la excusa fue para ir al cine.
La tercera, sin vueltas:
estar muchas horas cogiendo en la cama.
Era jueves, había pasado justo una semana.
Vine drogada de vos y me puse a escuchar Stardust.
Esa noche me imaginé con vos haciendo tantas cosas,
creí que era posible algún futuro juntos.
Todo lo que quisiste hacerme creer, lo sentí.
No necesité el gran desayuno ni los panqueques ni las fotos de ensayo gourmet;
nada de eso en realidad.
Pero nadie se indigesta de caricias.
Solamente el que actuó y no las pudo sentir de verdad.
¿Qué te parece Manuel? Manuel me parece un histérico y en el fondo
solo quería escuchar algún halago
para vivir tranquilo sabiendo que así y todo
estando lejos de ser un sex symbol, con esfuerzo y dedicación se puede garchar
a una mina muy linda igual que los demás.
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