martes, 21 de abril de 2015

Soñé que estaba en Japón








Soñé que estaba en Japón. La primera imagen es en el free shop. Los muebles, el techo, el piso, todo es gris topo. Los colores vienen de los posters de publicidad y de los envases de perfumes o el resto de productos que suelen vender ahí. Quiero comprarme un perfume y hay tanta gente que tengo sacar número. El número lo emite una máquina, tiene una letra por el sector de lo que busco y un número de dos cifras. Decido sentarme en una fila de asientos similares a los que hay en cualquier lugar público de trámites. Me invade la sensación de que estoy en Anses. Es todo muy eficiente y la demora es breve. No necesito hablar en japonés ni en inglés. Tengo puestos unos auriculares y un dispositivo al que le hablo (como si fuera un nextel) y le traduce con mi misma vos en japonés lo que busco a una vendedora. A su vez, me traduce lo que la vendedora me contesta.
Le pregunto a la vendedora por un perfume de Cacharel. No hay. Le pido uno parecido de Issey Miyake y tampoco. Me quedo por unos segundos mirando el poster de un perfume de Kenzo que al lado tiene unos cuantos envases acomodados de forma simétrica para simular elegancia. Es blanco y tiene como varas sueltas y en relieve de lavanda. Las letras de Kenzo están en dorado. Me gusta mucho la mezcla de colores, la lavanda y el celeste lavanda. Cuando lo pido la vendedora me aclara que *ese es un perfume de trolas*. Le pregunto por qué me hace la aclaración y me contesta que no es algo que se sepa mucho afuera pero en Japón el 70% de las mujeres son lesbianas. Decido no llevar nada.
La imagen siguiente es frente a un ventanal muy grande que da a una calle céntrica y una peatonal perpendicular. Es una habitación cara de un hotel. Sigue siendo todo muy gris topo salvo los sanitarios y las sábanas que son blancas. Decoración nula o estilo minimalista. Afuera el gris se repite. Es el atardecer. El cielo se ve muy límpido entre los edificios. La calle se va quedando desierta. Los semáforos cambian de color pero no hay autos esperando para cruzar. Por alguna razón los japoneses han decido llevar un ritmo idéntico al del Sol. Parece que fuera la última habitante del mundo.

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