sábado, 30 de mayo de 2015

Un vestido, una terraza.

Vos y yo nos “conocimos” por Facebook hace seis años.
Fuiste de los primeros que agregué, por sugerencia.
Unos anteojos con marco raro. Creí que te hacías el exótico o el gay. Me reí.
No conocía escritores. Presté atención a tu post sobre astrofísica. 
Me pareció raro en vos, pero simpático. Comenté.
Tus posteos y tus frases de esa época eran escuetas pero precisas.
Pasaron tres años hasta que te ví.
Me miraste fijo, había mucha oscuridad. Estábamos en una terraza.
Tenía puesto mi vestido blanco con lunares negros. 
Vos una remera oscura con algo que parecía punk.
Después te busqué con la vista entre gente borracha y desconocida. 
Al rato me fuí.
Sentí vergüenza de estar ahí. Tuvo que pasar un tiempo.
Otra vez, la misma terraza y con frío. Me ofreciste un choripán.
Dije que no y estaba asustada. No sé que pensaste de mí.
Si esa opinión cambió, si siguió siendo siempre la misma.
Supongo que no. En el medio me borraste y hace poco te volví a agregar.
En el medio te odié, te stalkeé, te leí. Te vi, en una presentación. 
Me viste. Me buscaste. Viniste a saludarme y nada más.
Te pensé, imaginé tu casa en línea recta desde mi terraza, 
cuando subía a mirar el cielo y a fumar. 
Doce, quince cuadras. 
De Avenida Gaona, serán algunas más.
Nunca te dí mucha bola, quizás porque las minas te adoraban.
Quizás porque llamar tanto la atención me parecía infantil. Me resistí.
Pero confieso que en esa época te imaginé y me masturbé. Más de una vez.
Estábamos acostados, desnudos, en una cama.
Yo estaba embarazada. La panza era grande y vos me abrazabas por atrás.
Haciendo cucharita entrabas y salías. 
Un poco como bestia y otro poco con suavidad. 
Me hablabas al oído. Yo gemía.
Me decías que me ibas a hacer muchos hijos, muchos, muchos más. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario