miércoles, 2 de mayo de 2018

La posibilidad de amar

-¿Vos creés que le gustás realmente?

-No lo sé. El tiene conductas contradictorias. Me confunde. Aparece y desaparece. Cambia de estrategia.

-Lo digo porque en alguien que manipula puede ser usual generar confusiones al respecto.
De alguna manera vos lo devolvés a una situación de la que probablemente venía huyendo.

-Algo importante le pasó la última vez, me parece.

-Probablemente también algo le pasó después... Debe estar entre dos fuerzas contradictorias: una que lo incita a sufrir, tal vez es el lugar en el que más cómodo se siente, y otra que no.

Quizás hay algo masoquista, atrapar una mujer, seducirla, enamorarla para volver a colocarse en ese sufrimiento que le genera más goce que lo demás.

A lo mejor necesita enfrentarse cada tanto a su propia imposibilidad.

-¿Y cuál sería?

-La posibilidad de amar, se me ocurre.

-No sé qué hacer. 

-Los límites en general no los conocemos: nos los encontramos. Ya vas a saber cuál es el tuyo.



domingo, 15 de octubre de 2017

W.

Creí que con el tiempo me iba a olvidar,
como tantas cosas que uno prefiere olvidar
Me empujé a salir con otro como si fuera un deber
Le hice caso a Facebook
Perseveré en tratar de borrar
En probar las leyes del (super)mercado sexual
Me dije "Si fue azar, esto se repite"
Pero a último momento algo me frenaba
Te stalkeaba, miraba tus fotos y me sentía triste y tonta


Cuando me invitaste a salir, no entendí
Te dije que sí. Pensé que era un error
¿Yo? ¿Qué me vio a mí?
Confié en la imagen de una biblioteca
Salí, y volví contenta
Tenía tu perfume en mi piel, suspiraba
Tuve ganas de verte otra vez toda la semana
No te quise escribir, esperé que vos lo hicieras
Y cuando te vi, te noté inseguro


Acostados los dos, te empecé a hablar de mi
Sentí desprecio y al otro día me enojé
Vos no me hablaste más y te eliminé
No sé por qué me dolés tanto,
por qué me ilusioné.
No sé qué es lo que hay, no sé nada de nada
Decidí mandarte solicitud de amistad
Y probar con empezar de nuevo

Quizás este equivocada
"Todas las historias de amor son historias de fantasmas"
dice el título de una biografía sobre David Foster Wallace


Una fantasía rota

Era un día común, de principios de agosto
yo casi terminaba en la oficina
estaba sola
las chicas ya se habían ido

Te presentaste
con un pulóver bordó gastado, escote en “v” y jeans
el pelo enloquecido
Te apoyaste sobre la pared,  hiciste preguntas
como si no supieras de nada, sentí que me tomabas examen
te mordiste el labio, noté cierta picardía
tus ojos me miraban brillantes y azules

Tanto ver  tu nombre en los mails y ninguna foto
nombre antiguo, mails escuetos
Fue un instante, no puedo saber qué
quedé encandilada
recuperé las ganas
Dude un tiempo y a las dos semanas
te agregué al Facebook
Si lo pienso  no tiene sentido
Intenté espiar
si había novia, esposa, amante
no encontré nada
solamente mucha familia, amigos y un hijo grande

Todo sumó a mis fantasías
Verte llegar de casualidad,  sonreír
El abrazo que me diste el día del asado
y tuve que interrumpir

Cada whatsapp que me escribís
no quiero que se termine nunca
como idiota, por si acaso reviso
si hay algo que me quedó sin leer
Un beso, una invitación…
Una fantasía rota






lunes, 11 de abril de 2016

Formas

No sé si hay una forma
de traducir lo que me gusta de vos

Quizás los abismos
el crítico
y el otro

En las fotos aparece una mirada
alejada de tus mundos
académicos y formalistas

Un amigo que con pocas intervenciones
desnuda la pose y deja sin efecto
esas intenciones duras
me saca una sonrisa

Toda la distancia
que te empeñás en fabricar
cuando me llamás por mi apellido
o me escribís
con estilo bolche
se disipa en un segundo

Solamente hacen falta
los silencios oscuros
y ese avatar que me mira
con ansias de fogonear
una atracción cautiva

Cuando no estás presente
nos separan
muchas bibliotecas
y sobrevuelo una casa
donde vive otra chica


miércoles, 6 de abril de 2016

Recetas

Algo de odio y frustración
la energía firme
para seguir
por el mismo camino

Laburar hasta cansarse
sentir/desear algo
tomando cuerpo
como si estuviera vivo

Encontrar música casual
necesitar repetirla muchas veces
sin parar

Dejar que entre
que te obligue a bailar

Cantarla mientras cocinás
alguna vez si no
en la ducha
en el espejo
del ascensor

Despertarse muy tarde
Desayunar mirando por la ventana
en silencio
con un café

Un cigarrillo
de vez en cuando

Mirar el cielo
hablar sin mediaciones

Tener plata
para viajar
y comprarse libros
que uno sería capaz de robar


Trazar proyectos
cortos
impulsivos

Sentarse a pensar
mirando un lago o el río
en otoño o invierno
después de mucho caminar

Divagar en internet
putear
stalkear
y cagarse en la regla

Emborracharse un poco
para escribir mejor

Acostarse a dormir
taparse con varias frazadas
y querer soñar

Eso también es amor





domingo, 27 de diciembre de 2015

Notas (III)



¿Qué es realmente la intimidad? O mejor dicho ¿Qué entendemos realmente por intimidad? ¿No se volvió un poco subjetivo el asunto?

Intimidad es todo lo que yo decido no hacer público, en principio, desapareció lo que decidía por encima del individuo qué podía hacerse público. Para empezar. Cada uno arma su propio cerco. 
Pero eso no sería decir algo nuevo. Sí llama la atención que ante tanta ola de corrección política, la intimidad no sea un asunto importante sino más bien una garantía de libertad.

Intimidad es lo que el lenguaje (establecido, usual, social) opaca, neutraliza, tapa, disfraza. Sobre todo disfraza. Le da un sentido distinto al real.

Intimidad es adivinar el deseo del otro sin saber qué cosa lo hizo posible. Construir un lenguaje cifrado por/con el deseo.

La intimidad es todo lo que el lenguaje (establecido, usual, social) no llega a decir. Y ahí, por lenguaje, también entran las imágenes.

Intimidad es lo que no puedo conocer en un instante, porque el lenguaje a nivel social-general tiene dinámica instantánea, todo lo que requiere tiempo queda afuera. Mirarse y entenderse con otro, nada más que eso, es una clase de intimidad construida con el tiempo.

En fin. La intimidad tiene un lenguaje, pero es, justamente, incapaz de compartirse con otros, de hacerse público. Compartir sería la palabra.

Si Wittgenstein dijo que "el lenguaje pinta las ideas" la literatura realista solamente es interesante cuando puede *pintar la intimidad*

viernes, 4 de diciembre de 2015

Stalker de ventanas



Acá estamos, otra vez, stalkeando ventanas

nadie miente, nadie gana

compartimos en silencio lo que nadie sabe

No tuve un buen día

Quisiera ser muda

Extraño comunicarme solo con miradas

"Tu foto me mira, pero vos no"

Extraño comunicarme solo con miradas

Me diste un corazón de Twitter

Vino el "Se siguen mutuamente"

Mandé solicitud en Facebook

"X y tu ahora son amigos"

No quiero ilusionarme

Capaz nos vemos en algún momento y todo se cae

capaz permanece la magia ¿quién sabe?

No sé, no hay señales, otras señales

Extraño comunicarme solo con miradas








martes, 1 de diciembre de 2015

Estados del deseo (III)


- La foto esa no me deja pensar

- ¿Tanto?

- Hasta algunos cambios físicos, mirá

- ¿Cómo cuáles?

- Algo de taquicardia y...cosas en la piel.

- :)

- Acá se siente un poco más de impunidad

- Es necesaria

- Igual a mi me da culpa pero vos un poco me estás tentando

- Tentarse es lindo, sentir culpa no. Un dilema. Pero todo fue espontáneo

- ¿Vos estás tentada o solamente halagada?

- Las dos

- Culpa por suerte no

- No, por suerte.

- Tiene que haber una trampa acá. Oficialmente lograste calentarme casi sin decir nada

- Las palabras no siempre tienen (o pueden) reemplazar las sensaciones

- Te quiero conocer.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Refresh

Cuando era chiquita me gustaba ir al último vagón de subte y mirar hacia atrás,
como iban quedando lejos las estaciones.
Un punto de luz y luego nada.
Lugar y tiempo. Lugar y tiempo. L u  g   a    r...  y  t i  e   m    p    o...


Subí a la terraza a mirar el cielo. 
Verano tiene a Orión, el cazador.
Pasó un meteorito y dejó una estela azul
¿Quién es capaz de desear en un instante? 
Nadie 

Me entrego a los sueños queriendo recordarlos. 
Un botón de refresh para el azar. 
Quiero estar suelta y tener los ojos vendados.




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Becerra

Hace 2 semanas, Juan José Becerra me manda solicitud de amistad. Acepté, y me encontré con esta entrevista. Coincido con casi todas las cosas que plantea. Me entusiasmé con el libro y apenas cobré me lo fuí a comprar. No creo en las casualidades.

http://www.lagaceta.com.ar/nota/658432//familias-se-sostienen-traves-sexo.html

sábado, 31 de octubre de 2015

La precisión II

Yo cometo el error de disfrazar con ternura el deseo. 
Quizás sería mejor mantener la tensión del silencio. 
Pero soy impulsiva.


Pasó el tiempo y todo parece simple y complicado al mismo tiempo.
No hay una forma de explicar la atracción. Cuando releo lo anterior siento que está exagerado, en el sentido de que las palabras son demasiado pomposas y el deseo es más bruto, más impulsivo.
Demasiada película que quedó en el aire . Demasiado desgaste diario en el espacio virtual del trabajo para que todo quede en nada.
B. no me habla, me clava el "visto" de todo lo que se habla por chat pero no me habla por chat a mí. Yo a él tampoco. Dejé de ser cariñosa...¿para qué?

Leo el historial del chat y veo las caritas, mis dosis de amor diario. Sus dosis también las veo, a su manera, mucho más distante, regalándome parte de su tiempo para ayudarme con algo. 
Esta es la parte más tierna, cuando la atracción estaba fresca todavía:

hola Ana, cómo va?
Vos sólo me hablás por trabajo... 😞
¿Qué pasó? No se qué hice mal. Todavía me gusta y tengo que lidiar con el puntito verde y la foto todos los días.
¿Por qué tantas vueltas?... estuve regalándome, quizás es eso. O quizás es simplemente histeria masculina. Nunca hubo deseo de verdad. La última vez que hablamos, cuando le dije que me gustaba mucho hablar con él me dijo "Lo sé". Quizás lo asusté, yo quería que pasara algo y no pensaba en lo que vendría después, no sé, es muy difícil manejar la atracción y más para mí, que me sale en modo de ternura porque tengo un monstruo adentro y el monstruo no es femenino. Pero si a él le pasara también.. los hombres tienen más libertad para soltar, más aún con señales del otro lado. No sé, aveces no entiendo porque no hizo nada y aveces me siento una pelotuda por insistir.

Hay días que quiero desaparecer de ahí. Así no lo veo más y me olvido, con el tiempo.

domingo, 4 de octubre de 2015

La precisión

Uno siempre termina moviéndose entre lo que desea y lo que teme. 
Son los verdaderos límites de la realidad.



I.

Venía desestimando la posibilidad de cualquier trabajo. Me había cansado de mandar currículums a alguna dirección de mail para no pasar nunca de una primera entrevista, aveces por voluntad propia. La desesperanza se me empezaba a notar en la cara. La sensación era siempre la misma. El trabajo era siempre vender algo, tangible o no, real o imaginario. Algo había que creerse o aparentar que uno se lo creía.

J. me mandó un mensaje porque había visto mi “Estado” de Facebook. Corregí rápido el currículum y se lo mandé, sin expectativas. A los tres días empecé una breve capacitación.

Cuando entendí un poco de que se trataba el tema empecé a mirarlo con buenos ojos. Trabajar desde mi casa no podía ser peor que tratar personalmente con gente desagradable, convencerla de algo que ni yo estaba convencida, engañarla, soportar quejas en algún call center, estar parada más de ocho horas seguidas…Era ideal dentro de lo posible, no tan contradictorio como la mayoría.

Hasta que vi la firma en esas fórmulas cuasi matemáticas. La vista se iba ahí. Tanta precisión en esas fórmulas…tiene que haber precisión en muchas cosas más, pensé.

La precisión era…precisión libidinal. Este tipo sabe. Sabe dónde, cuándo y cómo.

Después vi la foto de usuario con su correspondiente puntito verde de *online*. Nada mal, en la mirada estaba la misma punción viril. Era la imaginaria correspondencia penetrante.

La cantidad de noches que acaricié dulcemente la foto con el mouse. La cantidad de noches que me quedé conectada a mi mail laboral esperando un “hola”, una conversación inesperada, un puntapié, algo. Noctámbulo como yo.

Y la frutilla de la seducción vino por teléfono. Cuando le escuché la voz. No, no era una voz grave. Era una dicción justa. Nunca una pavada. Nunca una duda evitable. La combinación perfecta entre ironía y sutilidad. Y un poco de brutalidad encubierta. Vamos a decirlo, un hombre muy culto se vuelve un poco gay.



II.

J. ya sabía sobre mi efervescencia. No sé si estaba jugando a mi favor. Siempre venía con excusas.

Aveces pienso que me mintió. Como cuando me dijo que me espiaba. Que todo lo que yo subía a mi muro él lo miraba en su celular. Que lo cargaban por mí.
Yo intuía, con razones que solo la intuición puede dar, que esas bromas venían por otra o que era todo un invento.

Se fueron frustrando todos los posibles encuentros y mi humor también.

B. no resultó ser -en persona- un adonis pero tampoco dejó de seducirme. A esta altura de mi vida me calienta muchísimo más la inteligencia que un buen lomo.

Y el tamaño, el tamaño importa. Un tamaño justo, nada del otro mundo. Se trata de sentir.

Luego de una improductiva reunión laboral, que funcionó más de excusa que de cualquier otra cosa, me volví caminando triste. B. no dejó de poner distancia. No hizo chistes. Y el chocolate que le había comprado, que funcionaba más como metáfora que como devolución por ofrecerme su tiempo y sus explicaciones, me lo comí yo.
Descubrí que todas esas ganas de trabajar habían empezado con él y sin él se desvanecían.

Lo único que recuerdo fue la incomodidad que le ocasioné cuando me agaché para acomodarme el jean que se había metido adentro de la bota. Levantó la ceja. Frenó el paso.

Me miró el culo. Lo vi mirándome el culo, metiéndose debajo de la ropa, y me gustó. Me hubiera quedado agachada en esa pose toda la noche. El cuerpo me latía. Empecé a sentir calor. Me gustaría preguntarle que se imaginó.

Luego, el ascensor. El encierro en ese lugar tan chico frente a frente, evitando las miradas. El silencio hubiera sido evidencia. También soñé con ese ascensor y un espacio de intimidad inexistente. Un rose que desatara algo.

III.

Así pasaron dos meses. Dos meses casi sin hablarnos salvo por razones estrictamente laborales.

Algún que otro chateo breve de más. Tantas veces le dí a entender que lo quería...era un amor espontáneo. El exceso de caritas en el chat me delataba. El hacía hincapié en que sin humor no servía para nada. Yo hacía hincapié en que lo quería igual. No tenía que servir para algo.

Hasta que un día le escribí un mensaje. Era la única persona con la que tenía ganas de hablar. Imperiosas ganas de hablar, entre otras cosas.

Me llamó por teléfono. Hablamos más de tres horas. Tenía problemas con mi compu. Me ofreció ayudarme.

Desplegó toda una serie de teorías sobre su comportamiento masculino. Lo que no terminó de quedar claro es si conmigo era boicot o desinterés. Tenía claros porcentajes para tomar en cuenta ambas.

Yo pensé por dentro en que, además de devolverle la plata, tenía muchas muchas cuotas de otra cosa para ofrecerle. El problema era cómo.

Cómodas y extensas cuotas.Y nada más. Ni planteos ni planes, ni nada. En definitiva lo único que iba a hacerme feliz.
























martes, 16 de junio de 2015

Reseña de la novela Un verano


Reseñé la novela "Un verano" de Damián Huergo en Revista Aglaura

http://www.revistaaglaura.com/#!resea41-un-verano/c1cnr




sábado, 30 de mayo de 2015

Un vestido, una terraza.

Vos y yo nos “conocimos” por Facebook hace seis años.
Fuiste de los primeros que agregué, por sugerencia.
Unos anteojos con marco raro. Creí que te hacías el exótico o el gay. Me reí.
No conocía escritores. Presté atención a tu post sobre astrofísica. 
Me pareció raro en vos, pero simpático. Comenté.
Tus posteos y tus frases de esa época eran escuetas pero precisas.
Pasaron tres años hasta que te ví.
Me miraste fijo, había mucha oscuridad. Estábamos en una terraza.
Tenía puesto mi vestido blanco con lunares negros. 
Vos una remera oscura con algo que parecía punk.
Después te busqué con la vista entre gente borracha y desconocida. 
Al rato me fuí.
Sentí vergüenza de estar ahí. Tuvo que pasar un tiempo.
Otra vez, la misma terraza y con frío. Me ofreciste un choripán.
Dije que no y estaba asustada. No sé que pensaste de mí.
Si esa opinión cambió, si siguió siendo siempre la misma.
Supongo que no. En el medio me borraste y hace poco te volví a agregar.
En el medio te odié, te stalkeé, te leí. Te vi, en una presentación. 
Me viste. Me buscaste. Viniste a saludarme y nada más.
Te pensé, imaginé tu casa en línea recta desde mi terraza, 
cuando subía a mirar el cielo y a fumar. 
Doce, quince cuadras. 
De Avenida Gaona, serán algunas más.
Nunca te dí mucha bola, quizás porque las minas te adoraban.
Quizás porque llamar tanto la atención me parecía infantil. Me resistí.
Pero confieso que en esa época te imaginé y me masturbé. Más de una vez.
Estábamos acostados, desnudos, en una cama.
Yo estaba embarazada. La panza era grande y vos me abrazabas por atrás.
Haciendo cucharita entrabas y salías. 
Un poco como bestia y otro poco con suavidad. 
Me hablabas al oído. Yo gemía.
Me decías que me ibas a hacer muchos hijos, muchos, muchos más. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Estados del deseo (II)

Te imagino durmiendo entre libros
Si Aveces me quedo dormida con los libros al lado, la birome y el block de notas.
Pero vos me debés imaginar desnuda entre libros, que no es lo mismo.
Acertás
No era muy difícil
Soy muy predecible
No sé, te conozco un sola faceta. Y un par de cosas más.

Sabés lo importante
y eso ya es mucho


Me gustaría invitarte a casa
pero hoy hay mucha gente