viernes, 20 de septiembre de 2013

Una cultura con alexitimia II

Leer frases como la siguiente, en una nota de un diario como La Nación, nos hace pensar que las emociones son algo negativo y que lo que hay que cultivar es una suerte de inmunidad afectiva:
"Hoy la gente joven se siente con derecho a tener sexo sin que eso implique un condimento emocional"
(A esa nota le corresponde una elegante nota en respuesta aquí)
Hace poco entrevisté a  Marc Caellas. Me pareció original y muy provechoso su interés por llevar la literatura a escena. Si los formatos escénicos y los diálogos tradicionales de los textos teatrales ya no dicen nada, pero en cambio, uno descubre que una novela o un poema nos hacen poner la piel de gallina o soltar algunas lágrimas, entonces hay que buscar la forma de recrear escénicamente esa experiencia.
Y es que Caellas no es un hombre ajeno a esta inmunidad afectiva a la que se nos quiere someter. En su libro "Carcelona" cuenta sus experiencias en franca ruptura con los discursos y los hábitos de los habitantes de Barcelona:
"De canción en canción, de bar en bar, el hombre carcelonés intenta escapar de sí mismo, derrotar los miedos que le invaden"(...)"Demasiados miedos que desembocan en un individualismo que simplemente camufla una represión sentimental producto de la deficiente educación sentimental de los colegios de curas"(...)"Fuimos educados en aulas donde lo femenino no existía, convertidos en machistas por ignorancia".
Asiduo lector de D.F.Wallace y Michael Houellebecq, cuando le pregunté cuál era su opinión sobre lo que esta pasado con el sexo y nuestra forma de demostrar el afecto con la hegemonía de las redes sociales y la virtualidad, me respondió:
"Las redes sociales inducen a pensar que cualquiera tiene una lista de potenciales amantes con los que podría iniciar algo. Es un espejismo, claro. Afortunadamente la seducción y el sexo que vale la pena es el cara a cara. Allí no hay poses que valgan. Como dijo el poeta, no hay nada más profundo que la piel."
Cuando me tocó reseñar el libro "Buscadores de fe" de Violeta Gorodischer, no me alcanzaron los caracteres para expresar el rechazo hacia la espiritualidad contemporánea de las corrientes de la New Age, que florecen como parripollos en la década de los ´90; ni para criticar a la autora, que en ningún momento parece molestarse y jugarse por emitir alguna opinión respecto de sus vivencias dentro de estas formas de religión imperantes.
¿Cómo es posible que la purificación esté ligada a la acumulación de dinero o peor, a despojarse de aspectos tan humanos como el deseo o el sufrimiento que desencadena una situación trágica como la muerte? Cito textuales palabras del libro: “Y en ese segundo la vieron morir (…). Juan sintió que tenía que ser así, que estaba bien así (…). Esa entereza se la debía a El arte de vivir.”
Desde mi punto de vista la espiritualidad contemporánea busca generar inmunidad emocional disfrazada de fortaleza y en algunos casos, generar una indiferencia hacia el sufrimiento ajeno justificada como el “karma” que a cada uno le toca enfrentar.
Como dice Silvia Ons, Lacan nos enseña que el discurso capitalista excluye al amor, es el gran disparador de la inmunización generalizada,  porque "Los enamorados se bastan a sí mismos y en esto se alejan del consumo; de ahí que el amor sea enemigo del capitalismo. En el amor, el otro no es una moneda de cambio sino que se revela como insustituible."
Es un error creer que construir murallas afectivas frente a la condición posmoderna -que nos despoja de certidumbres y nos expone a un capitalismo funeralcomo dice Vicente Verdú- es una forma de escapar del sufrimiento. Porque el sufrimiento se trasforma en trastornos psíquicos más complejos y somatizaciones varias.
Si las terapias convencionales ya no surten efecto, si nuestros síntomas prevalecen porque nos negamos de manera consciente e inconsciente a los intentos profesionales y culturales que buscan corregir y adaptar nuestra subjetividad a la inmunidad generalizada, entonces una solución puede ser el arte. No necesariamente convertirse en artista, también podemos disfrutar del arte.
Cuando Wittgenstein dijo "Los limites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" no se equivocó, pero hay que entender que el lenguaje es multifacético, las palabras verbalmente expresadas no son la única herramienta que tenemos para comunicar emociones. Hay personas que padecen alexitimia y tienen un vocabulario sumamente amplio. La alexitimia no es una incapacidad linguística sino de la expresividad, una incapacidad para conectarse con los propios sentimientos y expresarlos, de manera tal que comunican algo a alguien.
Disfrutar del arte en la medida en que el arte nos permite reencontrarnos con la condición humana o generar espacios de libertad. En Palabras de D.F.Wallace: "Gran parte del trabajo verdadero en el arte de la ficción es agravar la sensación de opresión, la soledad y la muerte en las personas, para trasladar a la gente a tolerar, ya que cualquier posible redención humana nos obliga primero a enfrentar lo que es terrible, lo que queremos negar."
La escritura o la musicoterapia se presentan como posibles caminos. La escritura porque es una forma de conectar las palabras a las emociones pero sin actuarlas frente a otro, sin llegar a la exposición del diálogo, que requiere respuestas en el acto. Arthur Schopenhauer entendía a la música como un arte que nos conecta con las emociones en lo abstracto, en su natural esencia, sin accesorios y por ello sin sus motivos usuales. Y sin embargo nos permite aprehenderlas y compartirlas plenamente en su quintaesencia.
Según algunos estudios, parece ser que la música antecede al lenguaje hablado en la cognición.
Y además, según otros estudios, la música transmite emociones básicas a nivel universal, así seamos un grupo de indios africanos de Camerún o ciudadanos de Viena.








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