miércoles, 30 de abril de 2014

Leyendo por ahí...

Hay momentos en los que me identifico con lo que leo y no con lo que podría escribir.
Hay textos de gente que uno conoce en las redes que vale la pena compartirlos, aunque no haya un acuerdo total.
Hay cosas que no se escriben o no se hablan porque se fantasean, se sienten y escribirlas sería estrangularlas, anular la posibilidad de que las cosas sucedan. Eso lo aprendí.
Así que comparto dos textos y una curiosidad.
Primero la curiosidad.

I.
Coetzee estuvo en la Feria del libro con Paul Auster para hablar del libro "Aquí y ahora". Estaba interesada en escuchar la charla pero desistí después de constatar que tendría que haber estado haciendo una cola desde las 11 de la mañana para conseguir un número o -además del cartoncito de prensa- una invitación especial. Ni hablar de acercarme a alguno de los dos para pedir que me firmen un libro. No lo hice nunca ni lo hago ahora que podría. No significa nada para mi. Me quedo con las obras, desprendidas del autor. Si tengo la posibilidad de conocer al autor, se que no estoy tratando con un personaje.
De ese libro "Aquí y ahora" es la frase “Uno se acuesta con una mujer para estar en condiciones de hablar con ella.” Si media el deseo, es imposible de refutar. ¿Qué charla interesante, realmente interesante y sincera, pude tener yo -como mujer- con un hombre cuando media el deseo? Ninguna. El deseo produce silencios, ansiedad y confusión. Hay algo en aire que las palabras no llegan a decir nunca y eso convierte la amistad en un vínculo fingido.
Hace poco leí una frase similar en un libro de Marcelo Damiani, El sentido de la vida. Vendría a ser algo parecido a una hipótesis ad hoc.

Relaciones
"Sólo hay dos momentos en que un hombre y una mujer son amigos: Antes o después de haber tenido relaciones. En el primer caso; con la intención de que pase algo; en el segundo, con el propósito de que se repita."
La única objeción que puedo hacer como mujer es que si no media el deseo -en ningún momento-, la amistad es una posibilidad cuyo único condicionante son las afinidades. Pero es una amistad mucho más soft y superficial. La pregunta es si también puede ser así para un hombre. Creo que si.
No estoy realmente de acuerdo con la hipótesis freudiana según la cual uno puede tener amigos gracias a que está reprimida la corriente erótica, tanto homosexual como heterosexual, permitiendo de este modo la libre disponibilidad del amor tierno sin interferencias de índole sexual.
La represión no es tan rebuscada, uno no anda permanentemente reprimiendo pulsiones sexuales a lo largo de su vida. No creo que uno no sepa a nivel consciente que está reprimiendo algo. Las represiones se sienten, antes de pensarse.


II.
Sacando la cita de la serie Sex & The City, creo que toda mujer se hizo este tipo de preguntas al menos alguna vez. Digo sacando la cita y las alusiones a la serie porque nunca me convenció. No va al fondo, se queda en la superficie consumista y mezcla sin mucho sentido zapatos caros y restaurantes exóticos con la cuestión del goce como si el universo del deseo sexual femenino estuviera relacionado si o si a eso. Quizá es algo absolutamente subjetivo, pero en mi caso ser femenina no pasa por el consumo, aunque está asociado a ciertos objetos de consumo y ciertas prácticas culturales. Porque si bien en una época podía comprarme lo que se me antojara en el shopping o ir dos veces por semana a alguna de las peluquerías más chic de Palermo, siempre supe que una mujer con cierta belleza natural no necesita esas cosas para hacerse desear. En todo caso es la fantasía de creer que con la plata se puede comprar belleza. Se la mejora, en todo caso.
http://moroccomixes.wordpress.com/2014/04/26/prosti-playlist-2/

III.
Esta nota me dejó pensando y entre otras cosas creo que al feminismo "correctivo" le vendría muy bien al menos entender la naturaleza de deseo. El feminismo correctivo, como casi todo lo correctivo, es primero una negación de algo propio que se trata como ajeno.
http://avantsex.com/el-secreto-del-deseo-a-largo-plazo/






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