lunes, 12 de mayo de 2014

Cadencia

En la vida hay dos cosas que pueden ser 
-en distintos momentos o al mismo tiempo- 
un tormento y/o un estímulo: los recuerdos y 
las dudas. Una duda puede pasar a ser un 
recuerdo y un recuerdo puede sembrar duda. 
El deseo es recuerdo y duda.



"La [húmeda y lluviosa tarde] de [mayo] en que [aquel suceso ocurrió], después de una imperiosa [ansiedad] que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que [los bancos, los juegos, los árboles...quizá también los perros o sus dueños] de la Plaza [Irlanda] habían renovado no sé qué [cosa]; el hecho me [inquietó], pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de [él] y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo [¿y yo?], pensé [reprimiendo mi sensibilidad para negar, aunque en vano, con la respuesta]." 
(En posibles y errantes variaciones de El Aleph)
A la noche, como te imaginarás, me dediqué a mirar el cielo con cierta melancolía. Un déjà vu. Por fin despejado, me dije. La luna redonda y brillante. 
Es sabido que con o sin arbitrariedad, todo suceso puede marcar un antes y un después. Por más que lo intente, está ahí. Aparece, esparcido por doquier. Como si la memoria fuera un gas volátil, como un aroma inconsciente que lleva o que trae. En mi. En lo que sentí cuando te sentí. En las estrellas que no podemos mirar juntos. En el asfalto de las calles que me rodean. Cuando visite la plaza en los próximos días. En la ropa que llevé puesta. En las tardes que vendrán.  En ese bar, que llevará otro nombre imaginario. En lo que queda de mayo y quizá más adelante también.
Tengo tiempo 
para saber 
si lo que [yo deseo] concluye en algo
No te apures 
ya mas [loca]
porque es entonces cuando las horas bajan, 
el día 
es vidrio sin sol; 
bajan, 
la noche te oculta la voz.
(Eso podrían decir unos Spinettas. Me gusta creer que si).
Si, la noche oculta la voz.
Quise escribirte pero me invadió el pánico. Pánico. Porque ya pasó y...pánico a que vuelva el pasado con su angustia, vestida de ocasión.
Vos. Vos con tu mundo. Y yo, de nuevo en el mío.
Así que, quizá, cuando te dije que ya nos habíamos besado de otros modos sin besarnos, cuando dudé durante un tiempo y no aparecí, cuando me escabullí entre mis libros y mis interrogantes, cuando soñé -sin que supieras- ingenua y despierta, cuando ví tu sonrisa, cuando te leo o miro tu imagen por ahí y cuando pienso por qué, ¿por qué llegaste a mi?; sabrás comprender qué pasa por dentro de este cuerpo que adulaste y de estos ojos que engañan para no mostrar un sufrimiento. Misticismo y lógica. Soy frágil y valiente. Me niego a los oportunistas. No quiero creer en las casualidades.



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