Escribo para mí.
Para que no vuelvan y para que otros se queden, conmigo.
Para que el viento helado se lleve algunos y los congele.
Me quedan muchos inviernos. Ya lo sé.
El otro día, esperando en la parada.
R. me dice que una de las cosas que más le gustan de mi es mi mirada.
Hay cierta tristeza, cierta nostalgia de algo que no se puede saber.
Le dije que era el frío, que no me gusta. El dijo que no.
Quizá tiene razón. El tiene lo mismo cuando lo miro.
Subí al colectivo y como lo quiero mucho le prometí volver. Y vuelvo.
Aveces me lo imagino solo y lo imagino triste. Siempre me dice que es muy lindo verme y la sonrisa tapa un poco de angustia. Un abrazo lo calma y a mi también.
Charlamos, tomamos un poco de vino, comemos milanesas y hablamos de libros, de escritores, de insolencias, de peleas, de cosas absurdas.
Por eso siempre que me acompaña a la parada apaga todas la luces.
Yo sé que el se queda en el bar, hasta que se van todos, hasta que bajan las persianas, hasta que el cogñac le induce el sueño.
El invierno es para las víctimas.
Se lleva todo. Se pone gris. Oscurece. Enfría. Aletarga.
Es para los que disfrutan de estar agazapados.
No ser descubiertos. No hacer ruido. No moverse.
Ni siquiera tenemos nieve. Para correr, para tirar, para crear, para amedrentar.
Para hundir los pies, para cubrir todo de blanco.
Lo único que hay son unos troncos, estériles.
El invierno es para los espías.
Viviría todas las noches de invierno con vos en una carpa.
En el calor ámbar de una carpa. En el color luminoso y beige de una carpa.
Carpa, cuerpos. Cuerpos que hacen carpa. Se inflan. Se hinchan. Se enrojecen. Se calientan.
Pero el tiempo...
El tiempo hace dudar. El tiempo erosiona. El tiempo desalienta. El tiempo asusta con aplastar.
El tiempo,...el tiempo extraña.
Tu mundo y el mío están divididos por un muro de silencio.
Todavía, creo, nunca pudimos hablar.
Nos conocemos desnudos.
Pero las angustias, ese carozo oculto que salta por los ojos, no.
Nos sentimos, nos olvidamos, nos divertimos. Nuestros cuerpos conversan.
Tengo el recuerdo en la piel y esta vez no me lo quiero sacar.
¿Quién sabe la verdad?
Me imagino de todo. Busco sin buscar. Busco sin querer buscar.
Me vuelvo un fantasma y deambulo por un bosque, una casa, una familia.
Y me entristece. Me alejo y regreso. Me alejo y regreso más fría.
El carozo se vuelve semilla.
El carozo se vuelve tierra.
El carozo se parece a una coraza.
Un corazón con coraza.
Un amor de invierno.
Este invierno presento batalla.
Este invierno desato una guerra.
Este invierno inventé algo.
Este invierno salgo a correr, a saltar, a patear.
No me alcanza con cruzarte en kilómetros a pie, Buenos Aires.
Sos fea en Invierno.
Este invierno no puede ser igual a los demás.
Y a vos, si, vos.
Vos que estás ahí.
Que casi te veo desde la terraza, cuando subo a fumar un cigarillo.
Se que estás ahí, como a diez cuadras.
Cuando subo a mirar el cielo y te pienso, ahora, aveces.
A vos, que también portás esa mirada nostálgica.
Y la disfrazás con furia.
A vos, habría que morderte con un beso.
Darte una patada en los huevos.
Agarrarte del cuello.
Vení.
Nademos juntos.
Correme.
Alcanzame.
Llevame a otra terraza y mirame de nuevo.
Me pongo el vestido blanco con lunares negros.
Desnudame.
Hagamos la guerra juntos.
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