lunes, 11 de noviembre de 2013

Insanía

Hace muy poco vi fotos de París. Es llamativo ver que todo está igual, pero no debería serlo. Es una foto. Es una ciudad turística, que cuida sus fuentes en sentido amplio, su historia y su arquitectura. Por detrás, nadie sabe. Solo se intuye lo que cambió porque cambió en todo el mundo. Pasaron trece años. Llevar una pc portable te dejaba la espalda dolorida. Un celular de esa época resulta un aparato grotesco para comunicarse. La misma cantidad de años en Buenos Aires y cambiaron muchas, muchas cosas. ¿Se verían en una foto? Algunas, quizás solo algunas. No voy a enumerarlas, algunas no se ven. Requieren permanecer un tiempo considerable viviendo, tratando con la gente y los lugares. Para qué nombrarlas entre nosotros. Hay una en particular que me interesa. Los porteños eramos chusmas, observamos todo con atención. Ahora a algunos les gusta más decir que somos voyeuristas o que stalkeamos, tuiteamos, posteamos, etc.
Viajar en colectivo sigue siendo una experiencia con kriptonita, aunque tenga aire acondicionado, tarjeta SUBE para no buscar monedas mientras hacés equilibrio, asientos vacíos y la teórica rapidez del Metrobus. Del tren no hablo porque casi no lo uso desde la infancia y prefiero mantener los recuerdos. Ver las Ipomeas azules trepándose en los paredes perimetrales a las vías. Sentarme junto a la ventana y recibir el viento o comer panchos y tomar coca cola al bajar. Si me preguntan sigo prefiriendo el subte. En el mejor de los casos, si mi billetera lo permite, el taxi. Manejar nunca estuvo en mis planes, no en Buenos Aires. No con mi temperamento. No con mi ansiedad.
La gente ya no se mira. No establece nada con la mirada. No como antes. Estar arreglada y ser linda no es garantía de nada en Buenos Aires, en algunos barrios. Sos como un cartón pintado. Uno más, entre tantos. Todos prefieren una pantalla. Te miran, pero la mirada permanece más tiempo en otro lado. No me gusta llevar la mirada en una pantalla cuando estoy afuera. Necesito un corte con el encierro cotidiano. Será que los hombres prefieren la pornografía, sortea obstáculos, ahora somos obstáculos. Prefieren lo perfecto en apariencia, lo ficticio.Y no es que yo tenga algo especial. Veo mujeres más atractivas, más jóvenes. Por supuesto que hablo de mujeres reales. Espero, observo si son observadas por un tiempo razonable, y nada. Las miradas, en todo caso, van directo al interés por unos segundos.
Las redes están sobrevaloradas. Muchos dirán que estoy equivocada. No puedo saber en qué se convertirán.
Estar en París no es lo mismo que ver una foto de París. Aunque a algunos pobres seres incomprensibles les parezca que si.
El tacto no remplaza la imaginación, la enriquece. En cierto sentido. Pero...si, le pone límites muy reales a la perfección y al control.
Sentir requiere más que una imagen. En todo caso las multiplica. Las pone en movimiento.
El amor no es una práctica virtual. Porque la atracción no se explica por parámetros medibles, no hay algoritmos que valgan. No se puede anticipar.
Conozco una chica que le dice a todo el mundo que está enamorada. Siempre que la veo es más soportable, es menos superficial. Pero no la entiendo. No logro comprender como hace para irse por ahí con otros con tanta facilidad. Qué necesidad la lleva a irse con otros. En todas las fiestas me pregunta quién me gusta. Yo no le contesto, me quedo en silencio. El silencio representa un fantasma. Ella conoce al fantasma pero no tolera el silencio. Y cuando le contesto, le digo siempre lo mismo. No conozco a nadie de los que veo, no sé. No me gusta nadie.
Cuando alguien me gusta yo soy muy distinta. Está conmigo, aunque no esté. Imagino todo, sin que anteceda la intención. Surge. Las imágenes aparecen solas. Aveces no lo imagino, simplemente recuerdo. Puedo imaginarme que está durmiendo, pensando en el aire con la mirada hacia una pared, comiendo en un silencio intempestivo, leyendo, moviéndose con particularidad, tocando cosas con la curiosidad de un niño, mirándome, tocándome. Puede ser nostalgia. También me invaden sensaciones de felicidad, seguidas de tristeza. Todos mis sentidos recrean escenas que deseo. Como tocar una burbuja, sentirla y que se rompa inmediatamente después. Lo escucho hablar, reír. Puedo ver gestos, caras, intuir sentimientos. Puedo hasta ver las imperfecciones, no me asustan, no me desagradan, las quiero tanto como lo otro. No existen los otros. No me importan los otros. Me duele. Casi todos los días me levanto con un dolor persistente que no puedo sacar si no es a fuerza de voluntad. Lo evito, porque tengo miedo de que verlo me duela más.
Todos los días miro Facebook, Twitter, Gmail, Hotmail y más sitios. Llegado un punto, me saturo.
Cuando veo alguien que está todo el tiempo tuiteando, me imagino, lo pobre y triste que hay del otro lado. Por más creativos, inteligentes, graciosos y sugerentes que sean. Hay algo infantil. Algo puber. Por más fotos y auto fotos llamativas que suban.
Hace mucho que no subo fotos nuevas en poses sugerentes. No me incita para nada mostrar todo lo que compro, veo, como y tomo. Alguien me pidió que suba una foto mía con el vestido nuevo. No lo hice. Podría ganarme muchos likes, puede ser, pero no soy yo. Yo soy mucho más que eso. Me alegra ser mucho más que eso. Y cuando digo mucho, quiero decir de todo un poco.


...And i'm giving all my love 
   To this world 
   Only to be told 
    I can't see 
    I can't breath 
    No more will we be...

...Futures 
   made of 
   virtual insanity 
   Now always 
   seem to 
   be Governed by this love we have 
   For useless 
   twisting 
   our new Tecnology 
   Oh, now there is no Sound 
   for we all live underground... 

Virtual Insanity, Jamiroroquai




No hay comentarios:

Publicar un comentario