Soñé con Frank Sinatra y un living minimalista de los 50. Piso damero, sillones blancos rectangulares, paredes blancas y mucha luz. Un par de zapatos de taco fino y rosa chicle cambiaban de lugar, de una esquina a otra, al pie de un sofá o una mesa de luz. Tenía puesto un delantal, debajo se notaba la falda de un vestido marilyn con mucho vuelo. Mientras acomodaba y limpiaba con un trapito, Frank me miraba por detrás. Las visitas estaban por llegar y yo limpiaba corriendo los zapatos con apuro y nervios. Frank me tomó por la cintura y me dijo algo al oído. Su mano sobre mi cuerpo acaparaba mucho más que mi cintura, yo era manipulable a la medida de sus intenciones. Seguí limpiando. Las visitas se acomodaron y no les presté atención. Los zapatos rosas seguían siendo lo más visible de todo, como algo que uno se esmera en ocultar y no puede. Cuando se fueron las visitas -cuyo motivo nunca comprendí- Frank estaba en la cocina. Lavaba los platos con desencanto de rutina. Ahora yo lo miraba de atrás y algo me preguntó. Hubo silencio. Le acaricié los hombros y lo abracé. El soltó todo se dió vuelta y me besó estilo novela.
Pienso en el rosa y sus *significantes*.
Escribir no me salva, me ayuda a transitar. ¿Qué está primero? ¿el deseo? ¿la ansiedad? ¿la neurosis? ¿puede ser literatura? ¿es un relato? ¿es catarsis? Escribir, escritores, libros, reseñas, entrevistas, notas, relatos, poemas, películas, pensamientos, ideas, críticas y choterías varias de una principiante.
domingo, 18 de enero de 2015
martes, 13 de enero de 2015
Notas (II)
Falta un Hobsbawm que escriba más sobre esta era. Algunas cosas advirtió en Entrevista sobre el siglo XXI. Desde el pequeño atentado en Francia me llama desde la biblioteca.
Falta un capítulo con el título "La era de la inmunidad afectiva".
La era de la inmunidad afectiva empezó en los 80 o en los 90, sin que nadie lo note.
Empezó con el uso del preservativo.
No por ser un anticonceptivo. No. (Aunque cabría agregar que si bien estoy a favor de legalizar el aborto, -para que no salten los unidimensionalistas de algún pro- el hecho de elegir no tener hijos -hoy por hoy- y más allá de que sea el símbolo de una libertad conquistada, es también el símbolo de otra inmunidad afectiva. Los hijos no se deshacen una vez que aparecen en la vida real. Las otras relaciones, sí.)
Boyhood, película con bastante estética y cultura norteamericana, mete el dedo en la llaga de todo aquel que haya sufrido o tenga miedo de sufrir y practique la inmunidad afectiva.
Si, la era de la inmunidad empezó con el preservativo. El no contacto de la piel con la piel. De mi yo completo con otro yo, sin parcialidades. Porque todo empieza ahí. La sexualidad es el 50 % de una relación con algún futuro. La percepción en sentido amplio empieza por el cuerpo, la libertad también. El feedback con nuestra mente (o nuestra psiquis) empieza así.
Casi que me gustaría investigar y me animo a pensar en cuanto se habrá desarrollado la industria pornográfica desde que el preservativo es de uso universal.
En que se convirtió la sexualidad desde que existe el imperativo del forro. Cuántos fantasmas se crearon en derredor. Es un muro, un tabú del que no se puede hablar.
Falta un capítulo con el título "La era de la inmunidad afectiva".
La era de la inmunidad afectiva empezó en los 80 o en los 90, sin que nadie lo note.
Empezó con el uso del preservativo.
No por ser un anticonceptivo. No. (Aunque cabría agregar que si bien estoy a favor de legalizar el aborto, -para que no salten los unidimensionalistas de algún pro- el hecho de elegir no tener hijos -hoy por hoy- y más allá de que sea el símbolo de una libertad conquistada, es también el símbolo de otra inmunidad afectiva. Los hijos no se deshacen una vez que aparecen en la vida real. Las otras relaciones, sí.)
Boyhood, película con bastante estética y cultura norteamericana, mete el dedo en la llaga de todo aquel que haya sufrido o tenga miedo de sufrir y practique la inmunidad afectiva.
Si, la era de la inmunidad empezó con el preservativo. El no contacto de la piel con la piel. De mi yo completo con otro yo, sin parcialidades. Porque todo empieza ahí. La sexualidad es el 50 % de una relación con algún futuro. La percepción en sentido amplio empieza por el cuerpo, la libertad también. El feedback con nuestra mente (o nuestra psiquis) empieza así.
Casi que me gustaría investigar y me animo a pensar en cuanto se habrá desarrollado la industria pornográfica desde que el preservativo es de uso universal.
En que se convirtió la sexualidad desde que existe el imperativo del forro. Cuántos fantasmas se crearon en derredor. Es un muro, un tabú del que no se puede hablar.
martes, 6 de enero de 2015
Invisible (a la nostalgia)

Deconstruccionismo o Relatividad General.
No importa por dónde intentar un desglose.
Mirarnos el pie afuera o la tele prendida, frontal.
Abrir veinte pestañas o escuchar un auto que frena
y vuelve a arrancar.
Contemplar el atardecer o un ombligo convexo.
Las paredes quietas, las medidas estándar de un living,
mirar relojes de Buenos Aires o China en GTM u hora local.
Un imán mueve a otro, aveces no vemos las sincronías.
No siempre se percibe la simetría, oıɔɐdsǝ ʎ odɯǝıʇ
Tiempos y espacios diversos,
aveces conversan en idiomas extraños.
Mirar el mar a pesar de las intenciones.
Nadar contra la corriente, ver al surfista o un barco al andar.
La técnica no asegura, la estadística miente.
Podés volver a la misma orilla.
Podés volver y no darte cuenta.
Podés volver (incluso) al mismo punto exacto
y la orilla puede verse distinta.
lunes, 5 de enero de 2015
Lo que no sabés
Nuestra amistad tiene fecha de inicio: noviembre del 2012.
Mientras fue amistad estuvo bajo un legajo virtual,
un ida y vuelta espaciado, espontáneo,
sin que medien necesidades, sin deseos de voluntad.
Al menos, de mi parte.
Hasta que un día quisiste conocerme.
Di vueltas, muchas vueltas.
"Mirá que yo no muerdo" me escribiste.
Me pregunté porqué. Pregunta estúpida, quizás.
¿Con que Ana imaginaste un encuentro?
Las experiencias y los hábitos fueron criando mi desconfianza.
Después del cine y del bar, empezamos a caminar.
Parecía -por momentos- una amistad vieja.
Me gustaron mucho tus ojos, tu mirada.
Me preguntaste si me podías sorprender. Te dije que sí.
Y después del beso, la obviedad. Ya nada fue igual.
El tiempo empezó a correr, a medirse de otro modo.
Nos vimos dos veces más.
Nos excitábamos demasiado rápido.
Empecé a extrañarte, entre una y otra, a desearte con mucha intensidad.
En mi cabeza construí un Pablo distinto al anterior. No necesariamente uno más real.
Entre un preservativo y otro te reías mucho conmigo
Fue quizá la mejor señal de que era algo que deseaste encontrar.
Yo en cambio adoré tu cuerpo entero, tus silencios,
tu escasez de palabras, siempre lo justo y verte dormir.
Me planteo si inventé algo de más, antes de que te fueras.
Tus vacaciones me parecen interminables.
Me despedí por Mensaje Directo,
fuí cariñosa sin mostrar vulnerabilidad.
No quise saludarte para año nuevo, esperaba que lo hicieras vos.
Aveces dudo y creo que volviste. Las redes permiten la evasión.
Todo lo alimentó un instante,
dijiste algo sobre una relación larga y la nostalgia.
Alguna distancia mínima que se interpuso entre los dos.
Una mala señal es una mala señal, no necesita intérprete.
Dejé tu legajo abierto.
Me pregunto en que quedó lo que hubo,
en que me convertí ahora que no hay un eco ni escucho tu voz.
Tengo un ¡Feliz año nuevo! atravesado sin enviarte.
Una mordida que no quisiste dar.
y también algunas cosas más, pequeños planes que todavía no sé si me conviene mandar.
Mientras fue amistad estuvo bajo un legajo virtual,
un ida y vuelta espaciado, espontáneo,
sin que medien necesidades, sin deseos de voluntad.
Al menos, de mi parte.
Hasta que un día quisiste conocerme.
Di vueltas, muchas vueltas.
"Mirá que yo no muerdo" me escribiste.
Me pregunté porqué. Pregunta estúpida, quizás.
¿Con que Ana imaginaste un encuentro?
Las experiencias y los hábitos fueron criando mi desconfianza.
Después del cine y del bar, empezamos a caminar.
Parecía -por momentos- una amistad vieja.
Me gustaron mucho tus ojos, tu mirada.
Me preguntaste si me podías sorprender. Te dije que sí.
Y después del beso, la obviedad. Ya nada fue igual.
El tiempo empezó a correr, a medirse de otro modo.
Nos vimos dos veces más.
Nos excitábamos demasiado rápido.
Empecé a extrañarte, entre una y otra, a desearte con mucha intensidad.
En mi cabeza construí un Pablo distinto al anterior. No necesariamente uno más real.
Entre un preservativo y otro te reías mucho conmigo
Fue quizá la mejor señal de que era algo que deseaste encontrar.
Yo en cambio adoré tu cuerpo entero, tus silencios,
tu escasez de palabras, siempre lo justo y verte dormir.
Me planteo si inventé algo de más, antes de que te fueras.
Tus vacaciones me parecen interminables.
Me despedí por Mensaje Directo,
fuí cariñosa sin mostrar vulnerabilidad.
No quise saludarte para año nuevo, esperaba que lo hicieras vos.
Aveces dudo y creo que volviste. Las redes permiten la evasión.
Todo lo alimentó un instante,
dijiste algo sobre una relación larga y la nostalgia.
Alguna distancia mínima que se interpuso entre los dos.
Una mala señal es una mala señal, no necesita intérprete.
Dejé tu legajo abierto.
Me pregunto en que quedó lo que hubo,
en que me convertí ahora que no hay un eco ni escucho tu voz.
Tengo un ¡Feliz año nuevo! atravesado sin enviarte.
Una mordida que no quisiste dar.
y también algunas cosas más, pequeños planes que todavía no sé si me conviene mandar.
domingo, 4 de enero de 2015
Es mi culpa
De chica maté un pescado. Tenerlo en una pecera no era suficiente. Lo aplasté con los dedos, buscaba tocarlo. También hice lo mismo con un hamster. Lo atrapé, me mordió y lo revoleé por los aires. Quedó con las patas rotas. Se deprimió. No quiso comer más. Sentí culpa. Con un canario intenté hacer lo mismo, pero al sentir el miedo del animal, lo solté. Nunca se sentiría cómodo entre mis manos. Los gatos nunca me gustaron mucho.
Es mi culpa creer.
Tener que se puede entre las manos:
un pez que no salte
un hámster que no muerda
un canario que no se agite
un mono que no amase
un hombre que no huya
Practicar cacería o pezca supone un arte. El arte de aparentar desinterés. El arte de saber esperar el momento justo. El arte de seducir con algún veneno. El arte de la maldad inoculada con destreza, el disfraz.
Lo único que buscaba era que el pez sintiera que yo no buscaba matarlo, solamente quería tocarlo. Lo mismo con el hamster. Lo mismo con el canario.
Como los gigantes, que son malos hasta que alguien los quiere.
Si practico es cacería instintiva. Lo otro requiere una seguridad que yo no tengo. Requiere conocer a diestra y siniestra los pasos de la histeria, la hipocresía. Hacerlo es casi una humillación para mi. Pero por alguna razón los hombres se acercan, igual. Por alguna razón la humillación no me es ajena y termino sintiéndome como un regalo con moño que nadie esta interesado en abrir. Yo estoy cada vez más desconfiada y ¡oh, la paradoja!: la desconfianza es el motor que a ellos los mueve. Aveces siento que los odio. Aveces pienso que voy a terminar siendo lesbiana. Es estúpido, puro desquite de amores no correspondidos.
Es curioso que los que se quedan, los que siguen intentando seducirme sin salirse, pasan desapercibidos. Como si la huída fuera algo intrínsecamente masculino.
Cada vez percibimos más el tiempo. Cada vez ahorramos más tiempo. Las redes nos convirtieron en un producto autogestionado. Comprás el producto, lo usás, lo gastás en ilusiones, lo idealizás, te "masturbás" de mil maneras. La calentura se enfría y el producto queda ahí, de adorno.
Odio a los hombres que actúan como peces, cada vez los odio más. Y en ese odio que crece lo que no puedo ver es que ir contra algo es estar buscándolo, todo el tiempo.
Es mi culpa creer.
Tener que se puede entre las manos:
un pez que no salte
un hámster que no muerda
un canario que no se agite
un mono que no amase
un hombre que no huya