Soñé con Frank Sinatra y un living minimalista de los 50. Piso damero, sillones blancos rectangulares, paredes blancas y mucha luz. Un par de zapatos de taco fino y rosa chicle cambiaban de lugar, de una esquina a otra, al pie de un sofá o una mesa de luz. Tenía puesto un delantal, debajo se notaba la falda de un vestido marilyn con mucho vuelo. Mientras acomodaba y limpiaba con un trapito, Frank me miraba por detrás. Las visitas estaban por llegar y yo limpiaba corriendo los zapatos con apuro y nervios. Frank me tomó por la cintura y me dijo algo al oído. Su mano sobre mi cuerpo acaparaba mucho más que mi cintura, yo era manipulable a la medida de sus intenciones. Seguí limpiando. Las visitas se acomodaron y no les presté atención. Los zapatos rosas seguían siendo lo más visible de todo, como algo que uno se esmera en ocultar y no puede. Cuando se fueron las visitas -cuyo motivo nunca comprendí- Frank estaba en la cocina. Lavaba los platos con desencanto de rutina. Ahora yo lo miraba de atrás y algo me preguntó. Hubo silencio. Le acaricié los hombros y lo abracé. El soltó todo se dió vuelta y me besó estilo novela.
Pienso en el rosa y sus *significantes*.
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