lunes, 23 de diciembre de 2013

Cosas que pasan en un año

Esto lo escribí hace dos años, casi para la misma fecha. No soy la misma, por suerte. Agradezco haber salido de ese pozo. Lo corregí y lo cambié un poco. Ahora que me gusta más y que no me produce angustia, lo comparto.


I.

Son las cinco de la mañana y yo, como  es habitual, disfruto de mi simulacro de soledad. No soportaría vivir sola. Me acostumbré a compartir la cama, casi como algo si o si. Me angustia dormir sola. Si no estuviera Martín estaría otro o Sofía, de nuevo, así y todo grande para dormir con la mamá.  Qué se yo, habría perros o gatos, o alguien, estoy segura.
Sin embargo busco mucho aislarme durante el día y quedarme despierta a la noche. Hay días que envidio mucho a los que hacen lo que se les canta. Cuando hay otro siempre hay qué, algo.

Hace casi un año que vivimos los tres juntos en esta casa. Si no fuera porque no consigo un laburo decente fue un año bastante pasable, bah, una parte. Se murió mi tía Marta. Yo le decía Martita, para mi era Martita. Creo, fué lo mejor que podía pasarle, pero es una frase muy estúpida y arrogante. Digo, incluso con ganas de morir uno espera algo, algo que no siempre llega. Uno espera. 
Ella si que vivía sola, completamente. Me cuesta mucho imaginarme cómo hace alguien para soportar tanta soledad. No la visitaba nadie porque vivía lejos y estaba medio loca, sin saber bien que es la locura, pero también no estaba loca y tenía momentos de lucidez.
Ya no tenía un marido, la dejó cuando yo era chica. La dejó. Se fué con otra porque decía que no la soportaba más, que Marta estaba loca. 
Nunca tuvo hijos, no sé si no pudo o no quiso. No sé si la locura la llevó a la soledad o la soledad a la locura. Tengo algunos recuerdos lindos de ella, de la infancia. Dibujaba muy bien y le gustaba mucho, pero se dedicaba a hacer zapatos de cuero para poder sobrevivir, con mucho empeño, como si en ellos dibujara lo que no le era permitido dibujar en un papel. Tenía una gran máquina de coser, ruidosa, vieja y muy grande. 
Siempre andaba con una taza de té, bien oscuro y con mucho limón. De chica me imaginaba que eso le teñía el cabello porque tenía un color de pelo colorado-anaranjado muy intenso. Su cabeza era la copa de un árbol rojizo. Eso la hacía especial, rara.
No tenía plata para hacerme regalos como mi otra tía, pero venía a mi cumpleaños con una sonrisa gigante y me esperaba con los brazos bien abiertos ni bien le abrían la puerta de casa. Yo sé que me quería mucho, más allá de que me lo dijera de vez en cuando. Si yo estaba mal trataba de entederme a mí, sin importar si estaba bien o mal lo que yo había hecho.
Las peleas terribles con mi viejo,  mi enfermedad adolescente, y quizá los roces con mi vieja la distanciaron. Pero no estoy segura de que su distancia fuera por eso, aveces pienso que son excusas para los demás. La última vez que la ví, cuando fue el cumple de Sofía; estaba bien. Creí verla bien, igual que siempre, con ese hermetismo que abría una incógnita. Me extrañó que pasara tanto tiempo sin venir de visita. No llegó a conocer mi casa, esta casa, que tampoco es mi casa porque tiene fecha de vencimiento, pero uno la llama "mi casa" para no pensar en lo precario que es todo. 
Como tuvo antes períodos de estar incomunicada o perdida, nadie supuso que estaba enferma. Llegué a despedirme de ella por confiar en mi intuición, pura intuición.
Era la madrugada del lunes. Martín y yo estábamos viendo una película. Sonó el celular a horas en las que nadie llama a no ser por algo importante, realmente importante. Era mi vieja. Me dice que un señor llamó a la casa de mi otra tía para avisarle que la señora Marta estaba internada en un hospital de Ciudadela y que necesitaba que le lleven ropa y algunas otras cosas. Según mi mamá, que llamó inmediatamente al hospital para confirmar lo dicho, le dijeron que no había ninguna paciente con ese nombre. Mi otra tía, la hermana de mi mamá, le dijo al señor que no llamara más porque en el hospital decían que no había ninguna Marta. Algo no me cerraba. Algo me molestaba. Algo me decía que en la puta ignorancia se escondía la quietud y la comodidad. Decidí, con cierta impulsividad, llamar yo misma al señor y le pedí explicaciones. Mientras me explicaba me sentí casi obligada a creerle. No sé porqué. Quizá fue la sencillez, o la informalidad, o el desinterés o la precariedad del lenguaje, o todo eso junto, pero me hicieron dar por hecho que no me estaba mintiendo. Esa noche casi no pude dormir. Pensaba en Marta, en sus silencios, sus misterios, su distancia. Me fuí a primera hora del día siguiente al hospital. Pregunté por Marta en la guardia y esperé. Esperé mientras el calor invadía la sala y la gente se atosigaba en la puerta vaivén de la sala de guardia, como bichos frente a la luz, impacientes, ansiosos, compulsivos, aparentemente irracionales. Cada uno esperando algo; ser atendido, ser llamado, esperando una noticia de vida o una de muerte, siempre en algún punto inexplicable, más allá de la teórica certeza de los médicos y su séquito de enfermeros. La puerta, protegida por un guardia de seguridad con cierta contradicción de estar defendiendo no saber bien qué, si la muerte o el derecho a la vida, si a los médicos o a los pacientes. 
Me dejaron pasar y cuando la ví, temblé, caminé con dificultad, sin querer dar los pasos hacia delante. Se me hizo un nudo en la garganta. Me llené de bronca, hacia mi, hacia la teórica familia que representábamos. 
Estaba delgadísima, tenía que hacer fuerza para hablar, los labios secos, un olor nauseabundo, una mezcla de desinfectante y podredumbre,  y una cofia llena de sangre semi-seca en la cabeza. Le habían extirpado parte de un tumor en el cuello. Cuando me miró -llorosa y con congoja- me agarró fuerte del brazo y se puso mi mano en el pecho.
-Menos mal que viniste, Ani. Creo que me voy, me estoy yendo.
Me contestó con una voz casi imperceptible y aguda.
Se me caían las lágrimas y le acaricié la cara.
Reconocí en su cara la misma mirada que mi viejo, como si se le hubiera metido en el cuerpo para saber de mí. No pude decirle nada porque sabía que tenía razón. La muerte estaba ahí, esperando. Es difícil de explicar pero se ve y ellos lo saben, todos lo sabemos.
El viernes vuelvo a ir y no me pude quedar porque estaban resucitando a un hombre, que finalmente no sé si fue resucitado o no, pero me asombré de la monstruosidad con la que los médicos se toman la muerte con tanta naturalidad.
El sábado fué mi vieja y ya estaba encaminada, con Dormicum en el suero. La droga, con esa especificidad etimológica falsa, no es más que la sentencia de que la cama está prestada para la muerte.
El domingo quise ir y no se qué me lo impidió. Esperé a que me avisaran esa noche, pero no. Sabía que se iba a morir sin mi.
Fuí el lunes con mi vieja y ya estaba en la morgue. Me despedí de un cuerpo frío, quieto, y de nuevo, la imagen de mi viejo, la repetición de la muerte. 



II

  Tengo que armar el arbolito. Sofía me rompe las pelotas, porque la verdad es que no tengo ganas de armar el arbolito. No tengo esperanzas. Esas que uno suele tener y que lo llevan a la repetición del rito. Traté de juntar fuerzas. Traté, pero no como en otros años.
Me enamoré de muchos hombres a la vez, busqué otros hombres.  Cosa extraña en mí, y me siento cada vez menos enamorada del que convive conmigo, casi que me arrepiento. Lo siento como un error.
Aprendí ajedrez, me fasciné con el ajedrez, y viví en carne propia lo que es pasar por un hospital público del conurbano bonaerense sin tener obra social. Ese es mi resumen.
Pensé en mis vecinas de arriba. Pensé en mis vecinas para complacerme de que mis tragedias son parecidas, o no, pero para tener algún resguardo estúpido. 
A todo esto me suena el celular: promociones para las fiestas. 
El arbolito, el arbolito...otra vez.
-¡Ma, arma el arbolito, dale!
-Qué hay para comer? ¿Tengo planchadas las camisas? ¿Fuiste a terapia? ¿Llevaste a Sofía al jardín?
-¡MartiiiiiiiiÍn! ¿Que me vieron, cara de idiota ustedes? ¿Por qué carajo dejan la basura arriba de la mesada, de la cama, del escritorio? ¿No saben que en la cocina hay un tacho de basura?
-...-
-...-.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Modo Pausa

I.
Mañana tomo un avión a Chile. El viaje fue promovido por Marcia, la abuela de Sofía. Accedí. Los motivos fueron varios. Me parece bueno que Sofía se acerque y conozca parte de su familia chilena y me agrada la opción de disfrutar de ver el mar y las montañas, pero estos son motivos postergables. La necesidad fue creer en la posibilidad de no pensar en ciertas situaciones ingratas, como no conseguir un trabajo acorde a lo que busco, sentir que ninguna otra carrera universitaria alivia un problema existencial y que, a pesar de varios intentos, mis parejas siguen fracasando. Ponerle distancia a Martín también influyó, pero no ya porque verlo me produzca alguna nostalgia o algún deseo. Se que lo quiero, me preocupé por su salud recientemente al punto de ser capaz de suspender el viaje si era necesario. No es ese el problema. La distancia es para sentir el espacio, ese espacio que yo debería ocupar. Ese espacio teoricamente libre. Ese espacio que en aparencia, se mantendrá vacío. Su ausencia es necesaria para poder ver que quedó de mí, reacomodar y arreglar cuentas conmigo. Siento que me equivoqué, sabiendo que me equivocaba. Sostuve una pareja durante tres años a base de ilusiones. Aposté todo por una ilusión y es la tercera vez que lo hago. Primero con Horacio, después con Cristian y por último con Martín. Martín parece no aceptar esa distancia. Insiste en mantener una cercanía y no logro entender el porqué. Si bien se excusa en la necesidad de ver a Sofía, veo y siento, con mucha claridad, cierta dificultad para ponerle fin a una etapa. Ninguna pareja rota, inclusive en buenos términos,  mantiene charlas telefónicas con regularidad o visitas breves, como si hubiera una amistad que remplaza el vínculo roto al instante. Es el momento en que justamente, es necesario reacomodar el espacio. Supongo que el todavía siente algo por mi.

II.
Me pregunto muy seguido porque tengo una actitud que en vez de ser una entrega es más bien un abandono. La ilusión es tan fuerte que me distrae de mi, pero en vez de producir algo bueno, un cambio necesario en mi autoestima o empujar algún proyecto truncado, simplemente me distrae. Estoy absorta y feliz con el otro pero me cuesta creer que me quieran así, me pongo más exigente, me comparo sin necesidad. Me empuja el sentimiento de entregar lo mejor de mi, doy todo de mi, o eso creo, hasta que se cae el velo de la ilusión y al ver al otro como es, me desinflo, me siento estafada y aparece cierto auto boicot lento y venenoso. Me enveneno yo misma.
Yo no me quiero, me resulta hasta difícil creer que las personas pueden quererse así mismas. Las personas simplemente esperan respeto de casi todo el resto del mundo, y ser queridos, verdaderamente queridos, por algunos pocos, por esos pocos por los que uno se interesa.
A Cristian nunca lo amé. A Horacio creo que lo amé, no estoy segura ahora que ya no siento lo mismo. A Martín, creo que quise, creo que lo creí, pero no me dejó. Amé ilusiones. Las ilusiones con Horacio fueron mayores que las ilusiones con Martín. Nunca amé a ninguno y ni siquiera sé si a uno que vive en mi mente. Con Cristian fue algo casi absolutamente físico. Por mi parte nunca hubo algo más. El decía que estaba enamorado. Yo, inconscientemente, busqué un hijo.

III.
Mi primer novio, Cristian, otro distinto, con el cual salí casi un año, fue un compañero del secundario. Durante dos años tuvimos un amor platónico. Después no lo ví por otros dos años. Yo tenía trece y el diecisiete. Yo era muy inocente y el era muy atorrante. El respeto y cierto temor parecen ser dos ingredientes principales para que la atracción sea fuerte. Mi primera vez no fué con Cristian, no pude, no aguanté el dolor. Mi primera vez fue con un hombre de cuarenta y dos cuando yo tenía dieciocho. No sé porque busqué que así fuera. Me acerqué, sola, cuando corté con Cristian. Quedé embarazada. Aborté. Un affair de seis meses. Ahora que intento comprender qué me pasa, me doy cuenta de que siempre me atrajeron mucho más los hombres mayores que yo, y que la virilidad esta asociada aveces al temor o al respeto. Pero también existe la ilusión de domar, de ser capaz de amansar a la bestia.
Así me pasó con un dentista hace años y con un escritor que fue mi profesor hace muy poco. También me pasó con un músico ajedrecista, con un músico deportista y con dos escritores más. En algunos casos no eran mayores que yo, eran o aparentan ser demasiado seguros de sí mismos. Algo que me atrae mucho porque no lo tengo, me cobija. Me atrae la ilusión de que son capaces de amar, me atrae la ilusión de que su intensidad, su forma de amar , de resistir y de entrega hacia todo, es equivalente a la mía.
Creo que sigo enamorada. Por momentos pienso que es una ilusión, otra vez. Pero me resisto a olvidar. Me encantaría sentir que le gusto, pero volvemos a lo mismo, ilusiones. Prefiero poner pausa y por lo pronto, pasar esta etapa de pánico, de sentir miedo a todo, como si todo confabulara para que ocurra una tragedia.  Pensar que no me va a pasar nada, que el avión no se va a estrellar, que no me voy a morir. Pero si, si entre toda esta pesadilla estresante puedo soñar, estoy segura que en ese sueño le doy todo el amor que tengo, si existe alguna forma de que ese amor le llegue.



viernes, 15 de noviembre de 2013

Por favor, poné música

                                                                                          Todo lo que ocurre, ocurre necesariamente.
                                                                          Arthur Schopenauer.

1. Desde hace un tiempo estoy muy sensible y panicosa. Ya estuve así hace un tiempo. La palabra adecuada no es que yo estaba mal porque no estaba mal todo el tiempo.  Se había muerto mi perra Franchesca, si. Había cortado con Horacio, después de tres años juntos, también. De alguna manera eran cosas previsibles y lo previsible va sacando chispas y luces de colores. Los cambios nos rodean siempre pero no siempre los vivimos igual, con la misma intensidad. Siempre hay algo más bien trágico y algo alegre o fantástico a la vez. Pero la armonía es algo más conceptual que real, lo trágico puede pasar más desapercibido que lo alegre o lo alegre más desapercibido que lo trágico. Lo trágico puede ser fantástico después, y lo fantástico pasar a ser trágico.
Estaba transitando por cambios, y los cambios me hacían sentir pánico. En los viajes en micro de La Plata a Buenos Aires o a la vuelta. Cerraba los ojos. Cruzaba los dedos. Miraba el cielo y si estaba despejado le pedía a lo que fuera que estuviera allá arriba, junto a las estrellas de alguna constelación conocida, o a un Júpiter brillante, o a un Saturno sorpresivo y hasta la Gran Nube de Magallanes, que me sacara del trance. También me pasaba en la calle o en la facultad. Cada vez que tenía que bajar al segundo subsuelo de la facultad me ponía tensa. Temblaba. Al rato, en la mitad de la clase de Economía II, me levantaba y salía del aula, subía rápido por las escaleras, sentía que me estaba ahogando. Corría, empujaba gente si era necesario. Era cuestión de tocar la puerta de vidrio transparente y ver las escaleras, un poco de vereda, calle, autos, gente, movimiento y al fin, sentir que el aire volvía a entrar. Me faltaba el aire. Si me pasaba adentro de casa , agarraba las llaves y salía raudamente a caminar. Para los parques, para Av. del Libertador, sobretodo hacia el Este, siempre hacia el Este. Pensaba que me iba a morir pero mientras caminaba entre tanto bullicio, me decía, me repetía hasta el cansancio, que si me tenía que morir me tenía que morir y eso, era extraño, pero me tranquilizaba.


2. Tenía una psicóloga que me quería mucho, podía llamarla a cualquier hora. Tenía un psiquiatra que intentaba medicarme y yo me negaba casi siempre. Tenía los miorelajantes y el alprazolam sublingual a mano, siempre, pero a menos que todo lo otro no me funcionara, la batalla quería ganarla yo. Me mandaron a Aikido y no surtió efecto. Ni bien me vi obligada a resarle a un cuadrito en la pared, a resar de una manera que no era la mía ni era a mis santos, me fuí. Mis santos están cuando respiro aire de mar, veo el horizonte de un atardecer ventoso o un cielo muy estrellado. Pero volviendo a mi psicóloga, ella me enseñó una teoría sobre los cambios. Una teoría que dice que cada siete años, cambiamos, algo nos impulsa a cambiar, se termina un ciclo y comienza otro. Quería que yo me tranquilizara, que aceptara que son cosas que le pasan a todo el mundo. No sé si la teoría es muy buena pero en menos de medio año cumplo treinta y cinco, y treinta y cinco es múltiplo de siete.


3. Tenía otra forma mágica de cambiar mi estado anímico y hasta de alegrarme, o por el contrario, de llorar y poder sacar la angustia. Esa magia estaba en la música. Era cuestión de llevar el discman a todas partes.
La música estuvo siempre. De chica me hacía cantar o bailar. Flash Dance: malla, medias, polainas y a saltar. Ahora escucho otras cosas, pero me transporta hacia otro lugar, uno que no está afuera sino muy adentro. La música me transporta a un lugar de paz. En el trasfondo está mi historia, lo veo a mi abuelo tocando la guitarra en alguna reunión familiar. La veo a mi mamá en la cocina con un delantal rojo, cantando, veo sus discos. Lo veo a mi papá, todavía con el traje y la corbata, poniendo a Mozart o a Beethoven en el tocadiscos, cerrando los ojos y dirigiendo la orquesta con las manos. Almendra, el dibujo de un hombre con una especie de sopapa en la cabeza y una lágrima que le cae. Rita Lee y mis primos; verano, pileta, hay muchos colores, yo quiero tocar un piano y no me dejan, aveces si y aveces no. ..."Baila conmigo, como se baila en la tribu"... Pink Floyd...Pink Floyd me resultaba extraño pero me llamaba la atención. Miguel Mateos y ese tema "Perdiendo el control"... No sé que era, si era la letra o la música pero era un tema sexual, lo percibía así. Soda Stereo, con calzas, pelos inflados y mucho chirimbolo, mucho todo.  Charly García y esos "Raros peinados nuevos", el video clip, Charly disfrazado de enfermero, los dos colores del bigote de Charly. Mujeres Argentinas, Mercedes Sosa, la voz potente, pontente por gorda pensaba yo, y la chacarera, "La flor azul". Paco de Lucía y la guitarra de mi abuelo, la pelada de mi abuelo, las novias estrafalarias de mi abuelo. Los Beatles en una baranda, Please Please Me, un día que mi mamá estubiera contenta y con ganas de bailar. La foto del primer disco de Paul McCartney, con barba, un abrigo marrón con lana de oveja y un bebé adentro, que se asoma. Bach, todas las suites de Bach con un abanico en la tapa y muy decorado, un símbolo barroco. Josefina canta el tango..."Yo quiero un cotorro que tenga balcones"... y yo me río, me da un poco de verguenza también. Zitarrosa, "Las coplas del compadre Miguel", adentro en el Renault 12, mi papá tirándose del techo de un Citroën a una pileta, hay un asado, hay olor a asado, estamos en una quinta de Parque Leloir.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Insanía

Hace muy poco vi fotos de París. Es llamativo ver que todo está igual, pero no debería serlo. Es una foto. Es una ciudad turística, que cuida sus fuentes en sentido amplio, su historia y su arquitectura. Por detrás, nadie sabe. Solo se intuye lo que cambió porque cambió en todo el mundo. Pasaron trece años. Llevar una pc portable te dejaba la espalda dolorida. Un celular de esa época resulta un aparato grotesco para comunicarse. La misma cantidad de años en Buenos Aires y cambiaron muchas, muchas cosas. ¿Se verían en una foto? Algunas, quizás solo algunas. No voy a enumerarlas, algunas no se ven. Requieren permanecer un tiempo considerable viviendo, tratando con la gente y los lugares. Para qué nombrarlas entre nosotros. Hay una en particular que me interesa. Los porteños eramos chusmas, observamos todo con atención. Ahora a algunos les gusta más decir que somos voyeuristas o que stalkeamos, tuiteamos, posteamos, etc.
Viajar en colectivo sigue siendo una experiencia con kriptonita, aunque tenga aire acondicionado, tarjeta SUBE para no buscar monedas mientras hacés equilibrio, asientos vacíos y la teórica rapidez del Metrobus. Del tren no hablo porque casi no lo uso desde la infancia y prefiero mantener los recuerdos. Ver las Ipomeas azules trepándose en los paredes perimetrales a las vías. Sentarme junto a la ventana y recibir el viento o comer panchos y tomar coca cola al bajar. Si me preguntan sigo prefiriendo el subte. En el mejor de los casos, si mi billetera lo permite, el taxi. Manejar nunca estuvo en mis planes, no en Buenos Aires. No con mi temperamento. No con mi ansiedad.
La gente ya no se mira. No establece nada con la mirada. No como antes. Estar arreglada y ser linda no es garantía de nada en Buenos Aires, en algunos barrios. Sos como un cartón pintado. Uno más, entre tantos. Todos prefieren una pantalla. Te miran, pero la mirada permanece más tiempo en otro lado. No me gusta llevar la mirada en una pantalla cuando estoy afuera. Necesito un corte con el encierro cotidiano. Será que los hombres prefieren la pornografía, sortea obstáculos, ahora somos obstáculos. Prefieren lo perfecto en apariencia, lo ficticio.Y no es que yo tenga algo especial. Veo mujeres más atractivas, más jóvenes. Por supuesto que hablo de mujeres reales. Espero, observo si son observadas por un tiempo razonable, y nada. Las miradas, en todo caso, van directo al interés por unos segundos.
Las redes están sobrevaloradas. Muchos dirán que estoy equivocada. No puedo saber en qué se convertirán.
Estar en París no es lo mismo que ver una foto de París. Aunque a algunos pobres seres incomprensibles les parezca que si.
El tacto no remplaza la imaginación, la enriquece. En cierto sentido. Pero...si, le pone límites muy reales a la perfección y al control.
Sentir requiere más que una imagen. En todo caso las multiplica. Las pone en movimiento.
El amor no es una práctica virtual. Porque la atracción no se explica por parámetros medibles, no hay algoritmos que valgan. No se puede anticipar.
Conozco una chica que le dice a todo el mundo que está enamorada. Siempre que la veo es más soportable, es menos superficial. Pero no la entiendo. No logro comprender como hace para irse por ahí con otros con tanta facilidad. Qué necesidad la lleva a irse con otros. En todas las fiestas me pregunta quién me gusta. Yo no le contesto, me quedo en silencio. El silencio representa un fantasma. Ella conoce al fantasma pero no tolera el silencio. Y cuando le contesto, le digo siempre lo mismo. No conozco a nadie de los que veo, no sé. No me gusta nadie.
Cuando alguien me gusta yo soy muy distinta. Está conmigo, aunque no esté. Imagino todo, sin que anteceda la intención. Surge. Las imágenes aparecen solas. Aveces no lo imagino, simplemente recuerdo. Puedo imaginarme que está durmiendo, pensando en el aire con la mirada hacia una pared, comiendo en un silencio intempestivo, leyendo, moviéndose con particularidad, tocando cosas con la curiosidad de un niño, mirándome, tocándome. Puede ser nostalgia. También me invaden sensaciones de felicidad, seguidas de tristeza. Todos mis sentidos recrean escenas que deseo. Como tocar una burbuja, sentirla y que se rompa inmediatamente después. Lo escucho hablar, reír. Puedo ver gestos, caras, intuir sentimientos. Puedo hasta ver las imperfecciones, no me asustan, no me desagradan, las quiero tanto como lo otro. No existen los otros. No me importan los otros. Me duele. Casi todos los días me levanto con un dolor persistente que no puedo sacar si no es a fuerza de voluntad. Lo evito, porque tengo miedo de que verlo me duela más.
Todos los días miro Facebook, Twitter, Gmail, Hotmail y más sitios. Llegado un punto, me saturo.
Cuando veo alguien que está todo el tiempo tuiteando, me imagino, lo pobre y triste que hay del otro lado. Por más creativos, inteligentes, graciosos y sugerentes que sean. Hay algo infantil. Algo puber. Por más fotos y auto fotos llamativas que suban.
Hace mucho que no subo fotos nuevas en poses sugerentes. No me incita para nada mostrar todo lo que compro, veo, como y tomo. Alguien me pidió que suba una foto mía con el vestido nuevo. No lo hice. Podría ganarme muchos likes, puede ser, pero no soy yo. Yo soy mucho más que eso. Me alegra ser mucho más que eso. Y cuando digo mucho, quiero decir de todo un poco.


...And i'm giving all my love 
   To this world 
   Only to be told 
    I can't see 
    I can't breath 
    No more will we be...

...Futures 
   made of 
   virtual insanity 
   Now always 
   seem to 
   be Governed by this love we have 
   For useless 
   twisting 
   our new Tecnology 
   Oh, now there is no Sound 
   for we all live underground... 

Virtual Insanity, Jamiroroquai




lunes, 28 de octubre de 2013

Sobre mi

Borré todo. Aveces pienso que no es un buen momento para escribir sobre mi. Cada vez que intento hacerlo más llevadero, más chistoso o más interesante, siento que no estoy siendo honesta. Que lo que escribí no me gusta. Así empecé y borré todo muchas veces. No leí nunca ninguna historia creíble sobre la bulimia o por lo menos, que cuente realmente lo que pasa. Siempre son sobre la anorexia. Créanme que hoy es mucho más común de lo que se cree. No todas las bulímicas vomitan, algunas tienen atracones y después viven a mate y calabaza. Se matan en un gimnasio y después se bajan una caja de alfajores.
Hay días que me es imposible escribir, apenas meto el dedo en la llaga empiezo a llorar y me siento muy idiota por no poder escribir algo medianamente razonable. No sé si alguna vez pueda.
Todos los libros que hablan de bulimia hablan siempre de lo mismo. De los síntomas, de los cuerpos, de la alimentación o de la cultura de la imagen. Una vez me topé con este libro y me di cuenta de que había algo de cierto, menos en la parte que aconseja. Ahí ya es pura chantada y hasta una cargada, para quien padece un trastorno como este. Sirve quizás, simbólicamente.


22. Bulimia
La mente (con su lenguaje de ideas) aspira al conocimiento; el corazón (con su lenguaje de sentimientos) aspira al amor; el sexo (con su lenguaje de deseos) aspira a la satisfacción; el cuerpo (con su lenguaje de necesidades) aspira a la seguridad. Estos cuatro centros energéticos, que cuando no se realizan provocan en el individuo todo tipo de neurosis, están comunicados entre sí y pueden ser entrenados para que comprendan el lenguaje de los otros. Un intelecto abierto es capaz de comprender qué es una emoción sublime; un corazón abierto puede otorgarnos el conocimiento; la satisfacción que el sexo no obtiene logra obtenerla el cuerpo.                                                                                                                     En el caso de la bulimia (ganas de comer que nunca se satisfacen) la consultante, por traumas infantiles causados por una madre competitiva que ha inhibido en su hija los impulsos incestuosos hacia el padre o hacia ella, culpabiliza la obtención del placer sexual y sustituye las caricias del coito por un insaciable afán de comer. (El consejo para sanarse no es el mismo para una mujer que para un hombre)(...)Si el consultante es hombre, es muy posible que su bulimia nazca de un impulso caníbal de comerse a su madre. Si ha tenido un padre competitivo que no ha querido compartir a la mujer con su hijo, éste, con sus deseos de mamar insatisfechos, transformará todos los alimentos en un símbolo de su madre y no dejará de comer hasta reventar, sin poder nunca satisfacerse. 
La consultante, que satisface por la boca el deseo sexual, debe, cada vez que su voracidad la impulse a devorar un alimento, colocar un trozo de él en su vagina. Trozo que mantendrá en su interior hasta que termine de comer. De esta manera su inconsciente comprenderá que la satisfacción sexual está permitida. El alimento depositado en la vagina será retirado y guardado en una bolsa de plástico. Cuando la bolsa esté llena, será llevada a un terreno fértil y vaciada en un hoyo, donde se plantará una maceta con flores.
Aconsejo al consultante varón que, con ocho kilos de pasta de almendra, esculpa un retrato de su madre. Debe colorearlo con colores comestibles de pastelería. Cada vez que devore sus alimentos debe, al final, como postre, comer un pedazo del retrato. Así realizará su impulso caníbal. Al mismo tiempo debe contratar un ama de leche y mamar de sus senos dos veces diarias, una vez por la mañana, en ayunas, y otra por la noche. Poco a poco la intensidad de su bulimia irá decreciendo.
Bulimia, Manual de psicomagia: Consejos para sanar tu vida, Alejandro Jodorowsky.




lunes, 30 de septiembre de 2013

Charlando con Marc Caellas en Wu Wei Magazine Nº13

No pretendió ser una entrevista, sino más bien una charla. Estuve dialogando con Marc Caellas, escritor director y gestor cultural.

http://www.wuweiweb.com.ar/detallerevista.php?revista=341



viernes, 20 de septiembre de 2013

Una cultura con alexitimia II

Leer frases como la siguiente, en una nota de un diario como La Nación, nos hace pensar que las emociones son algo negativo y que lo que hay que cultivar es una suerte de inmunidad afectiva:
"Hoy la gente joven se siente con derecho a tener sexo sin que eso implique un condimento emocional"
(A esa nota le corresponde una elegante nota en respuesta aquí)
Hace poco entrevisté a  Marc Caellas. Me pareció original y muy provechoso su interés por llevar la literatura a escena. Si los formatos escénicos y los diálogos tradicionales de los textos teatrales ya no dicen nada, pero en cambio, uno descubre que una novela o un poema nos hacen poner la piel de gallina o soltar algunas lágrimas, entonces hay que buscar la forma de recrear escénicamente esa experiencia.
Y es que Caellas no es un hombre ajeno a esta inmunidad afectiva a la que se nos quiere someter. En su libro "Carcelona" cuenta sus experiencias en franca ruptura con los discursos y los hábitos de los habitantes de Barcelona:
"De canción en canción, de bar en bar, el hombre carcelonés intenta escapar de sí mismo, derrotar los miedos que le invaden"(...)"Demasiados miedos que desembocan en un individualismo que simplemente camufla una represión sentimental producto de la deficiente educación sentimental de los colegios de curas"(...)"Fuimos educados en aulas donde lo femenino no existía, convertidos en machistas por ignorancia".
Asiduo lector de D.F.Wallace y Michael Houellebecq, cuando le pregunté cuál era su opinión sobre lo que esta pasado con el sexo y nuestra forma de demostrar el afecto con la hegemonía de las redes sociales y la virtualidad, me respondió:
"Las redes sociales inducen a pensar que cualquiera tiene una lista de potenciales amantes con los que podría iniciar algo. Es un espejismo, claro. Afortunadamente la seducción y el sexo que vale la pena es el cara a cara. Allí no hay poses que valgan. Como dijo el poeta, no hay nada más profundo que la piel."
Cuando me tocó reseñar el libro "Buscadores de fe" de Violeta Gorodischer, no me alcanzaron los caracteres para expresar el rechazo hacia la espiritualidad contemporánea de las corrientes de la New Age, que florecen como parripollos en la década de los ´90; ni para criticar a la autora, que en ningún momento parece molestarse y jugarse por emitir alguna opinión respecto de sus vivencias dentro de estas formas de religión imperantes.
¿Cómo es posible que la purificación esté ligada a la acumulación de dinero o peor, a despojarse de aspectos tan humanos como el deseo o el sufrimiento que desencadena una situación trágica como la muerte? Cito textuales palabras del libro: “Y en ese segundo la vieron morir (…). Juan sintió que tenía que ser así, que estaba bien así (…). Esa entereza se la debía a El arte de vivir.”
Desde mi punto de vista la espiritualidad contemporánea busca generar inmunidad emocional disfrazada de fortaleza y en algunos casos, generar una indiferencia hacia el sufrimiento ajeno justificada como el “karma” que a cada uno le toca enfrentar.
Como dice Silvia Ons, Lacan nos enseña que el discurso capitalista excluye al amor, es el gran disparador de la inmunización generalizada,  porque "Los enamorados se bastan a sí mismos y en esto se alejan del consumo; de ahí que el amor sea enemigo del capitalismo. En el amor, el otro no es una moneda de cambio sino que se revela como insustituible."
Es un error creer que construir murallas afectivas frente a la condición posmoderna -que nos despoja de certidumbres y nos expone a un capitalismo funeralcomo dice Vicente Verdú- es una forma de escapar del sufrimiento. Porque el sufrimiento se trasforma en trastornos psíquicos más complejos y somatizaciones varias.
Si las terapias convencionales ya no surten efecto, si nuestros síntomas prevalecen porque nos negamos de manera consciente e inconsciente a los intentos profesionales y culturales que buscan corregir y adaptar nuestra subjetividad a la inmunidad generalizada, entonces una solución puede ser el arte. No necesariamente convertirse en artista, también podemos disfrutar del arte.
Cuando Wittgenstein dijo "Los limites de mi lenguaje son los límites de mi mundo" no se equivocó, pero hay que entender que el lenguaje es multifacético, las palabras verbalmente expresadas no son la única herramienta que tenemos para comunicar emociones. Hay personas que padecen alexitimia y tienen un vocabulario sumamente amplio. La alexitimia no es una incapacidad linguística sino de la expresividad, una incapacidad para conectarse con los propios sentimientos y expresarlos, de manera tal que comunican algo a alguien.
Disfrutar del arte en la medida en que el arte nos permite reencontrarnos con la condición humana o generar espacios de libertad. En Palabras de D.F.Wallace: "Gran parte del trabajo verdadero en el arte de la ficción es agravar la sensación de opresión, la soledad y la muerte en las personas, para trasladar a la gente a tolerar, ya que cualquier posible redención humana nos obliga primero a enfrentar lo que es terrible, lo que queremos negar."
La escritura o la musicoterapia se presentan como posibles caminos. La escritura porque es una forma de conectar las palabras a las emociones pero sin actuarlas frente a otro, sin llegar a la exposición del diálogo, que requiere respuestas en el acto. Arthur Schopenhauer entendía a la música como un arte que nos conecta con las emociones en lo abstracto, en su natural esencia, sin accesorios y por ello sin sus motivos usuales. Y sin embargo nos permite aprehenderlas y compartirlas plenamente en su quintaesencia.
Según algunos estudios, parece ser que la música antecede al lenguaje hablado en la cognición.
Y además, según otros estudios, la música transmite emociones básicas a nivel universal, así seamos un grupo de indios africanos de Camerún o ciudadanos de Viena.








martes, 17 de septiembre de 2013

Una cultura con alexitimia

Ya no recuerdo como llegué a dar con la definición de alexitimia. Pero algo no anda bien con esa definición y sus estadísticas. Me atrevo a decir que si tomáramos en cuenta solamente  un conjunto al azar de la población masculina, las estadísticas aumentan. Durante años, en casi todas mis relaciones de pareja, estuve esperando algo que está muy presente en el imaginario y las pretensiones femeninas respecto del comportamiento afectivo y verbal de los hombres. ¿Se puede definir como "enfermedad", es decir como algo que apela al sujeto, a un conjunto de características anómalas que se reproducen en una porcentaje tan alto de la población masculina?  Creo que sería más acorde hablar de una cultura que induce inexorablemente a la alexitimia masculina. La construcción social del ser hombre que se opone por definición semántica y etimológica al ser mujer, las expectativas que se tienen sobre su comportamiento en distintos ámbitos. En otras palabras, eso que Beatriz Preciado llama tecnologías o máquinas de producción de verdad, subjetividad y de normatización: el colegío, la televisión, la lengua, etc.
Pensemos en algunos íconos de la cultura occidental:
La figura de Terminator. El hombre como máquina, el hombre como portador de violencia heroica en sentido intrínseco. El hombre que debe accionar antes que expresar.
Pensemos esta frase de David Foster Wallace, tomada de una nota sobre Federer que forma parte de lo que será un libro -y que quizás hubiera sido en algún momento si estuviera vivo- En cuerpo y en lo otro:
"Los hombres pueden profesar su «amor» al deporte, pero ese amor siempre se tiene que proyectar y representar con la simbología de la guerra: la oposición entre avanzar y ser eliminado, la jerarquía del rango y del estatus, las estadísticas obsesivas y el análisis técnico, el fervor tribal y/o nacionalista, los uniformes, el ruido de las masas, los estandartes, el entrechocar los pechos, el pintarse la cara, etcétera. Por razones que resultan difíciles de entender, a muchos de nosotros los códigos de la guerra nos 
resultan más seguros que los del amor"
Un último ejemplo, un pedazo de la letra de la canción "Boys don´t cry" de The Cure:

I try to laugh about it
Cover it all up whit lies
I try and laugh about it
Hiding the tears in my eyes
Because boys don't cry
Boys don't cry

I would break down at your feet
And beg forgiveness
Plead whit you
But I know that it's too late
And now there's nothing I can do
So I try to laugh about it
Hiding the tears in my eyes
Because boys don't cry
Boys don´t cry

Now I would do most anything
To get you back by my side
But I just keep on laughing
Hiding the tears in my eyes
Because boys don't cry
Boys don't cry
Boys don't cry


Para seguir pensando...

lunes, 22 de julio de 2013

Enlaces a lo que escribí en otros sitios


En Revista Damasco:

https://revistadamasco.wordpress.com/2013/06/05/espiritualidad-como-inmunizacion/  Reseña de Buscadores de fe/Violeta Gorodischer

https://revistadamasco.wordpress.com/2013/05/28/quiero-ser-escritora-una-entrevista-a-margarita-garcia-robayo/  Entrevista a Margarita García Robayo

https://revistadamasco.wordpress.com/2013/05/24/algo-se-pierde-algo-se-transform/   Reseña de Los cuerpos del verano/Martín Felipe Castagnet

https://revistadamasco.wordpress.com/2013/05/19/roni-bandini-el-mercado-digital-de-la-literatura-argentina-esta-en-panales/  Entrevista a Roni Bandini

En Revista Paco:

https://revistapaco.com/2013/05/04/numeros-primos/

https://revistapaco.com/2013/05/28/ajedrez/
Fe de erratas: quiso en vez de "quizo" al principio.
"Una computadora calcula hasta diez millones de jugadas por segundo". En lugar de "minuto"

En Wu Wei Magazine:

http://www.wuweiweb.com.ar/detallerevista.php?revista=341 Entrevista a Marc Caellas

http://www.wuweiweb.com.ar/detallerevista.php?revista=349 Entrevista a Luis Mey

http://www.wuweiweb.com.ar/detallerevista.php?revista=329 Entrevista a Alejandra Laurencich hacia el final de entrega.

Blog de Wu Wei

http://wuweimgzn.blogspot.com.ar/2014/03/dossier-strafacce-por-ana-paolini.html Dossier Strafacce

En Revista Aglaura (Revista que dirijo junto a Pablo Milani)

http://www.revistaaglaura.com/#!lo-presti/c12o2 Entrevista a Flavio Lo Presti

http://www.revistaaglaura.com/#!entrevista-pablo-natale-/ctx6 Entrevista a Pablo Natale

http://www.revistaaglaura.com/#!res-tea-2/c1aa3 Reseña de Turistas y viajeros/Teatro

http://www.revistaaglaura.com/#!resena4-minitas/c1qi8 Reseña de Minitas/Ana López

http://www.revistaaglaura.com/#!resea12-el-prejuicio-del-sexo/c24rb Reseña de El prejuicio del sexo/Sebastián Hernaiz

http://www.revistaaglaura.com/#!resea23-de-el-momento-de-debilidad/ce7e Reseña de El momento de debilidad/Bob Chow
http://www.revistaaglaura.com/#!resena33-paginas-criticas/c155v Reseña de Páginas Críticas/Martín Schifino

En Medium

https://medium.com/@anapaolini














lunes, 8 de julio de 2013

Epitafios

Esto lo escribí en octubre del 2012. El título original era Lo que no fué.

Yo soñé con un cuerpo inmenso 
que me abrazaba entera 
con brazos y tentáculos.
Un deseo infantil 
convertido en hombre viril
que toma lo que le pertenece
sin piedad y sin ternura.

Creí en la intensidad
quería que encontrara su cauce
se dejara llevar por la corriente
como un río revoltoso y rápido
hasta dar con el útero
que reproduce a su antojo
los frutos del vientre

Creí en un nosotros
pero el amor... ¿qué es el amor?
Las ilusiones no son.
La ceguera se apoderó de las circunstancias
nuestro presente se devoró el principio,
los recuerdos, 
El futuro se volvió una idea intolerable.

La gran madre Norma (tiva) es tu sombra
Un padre muerto es mi fantasma
El bien (mundano) se instaló esta vez
en el lugar vacío que dejó el placer.

No esperes que asista
a tu anestesia, tu estoicismo y la muerte

lunes, 25 de febrero de 2013

Películas, estados, deseos III

Esta película desde este instante final me resulta muy emotiva. Se parece mucho a algunas cosas que me pasaron, que sentí  y que siento aveces. No se trata de deseos.

http://www.youtube.com/watch?v=L18dQ89joMM&feature=player_detailpage#t=133s

lunes, 18 de febrero de 2013

Películas, estados, deseos II

Si quieren entender que me pasa por dentro miren esta película. Y no es sólo porque le gusta jugar al ajedrez, es por todo lo demás también. Me sentí bastante identificada.