domingo, 27 de diciembre de 2015

Notas (III)



¿Qué es realmente la intimidad? O mejor dicho ¿Qué entendemos realmente por intimidad? ¿No se volvió un poco subjetivo el asunto?

Intimidad es todo lo que yo decido no hacer público, en principio, desapareció lo que decidía por encima del individuo qué podía hacerse público. Para empezar. Cada uno arma su propio cerco. 
Pero eso no sería decir algo nuevo. Sí llama la atención que ante tanta ola de corrección política, la intimidad no sea un asunto importante sino más bien una garantía de libertad.

Intimidad es lo que el lenguaje (establecido, usual, social) opaca, neutraliza, tapa, disfraza. Sobre todo disfraza. Le da un sentido distinto al real.

Intimidad es adivinar el deseo del otro sin saber qué cosa lo hizo posible. Construir un lenguaje cifrado por/con el deseo.

La intimidad es todo lo que el lenguaje (establecido, usual, social) no llega a decir. Y ahí, por lenguaje, también entran las imágenes.

Intimidad es lo que no puedo conocer en un instante, porque el lenguaje a nivel social-general tiene dinámica instantánea, todo lo que requiere tiempo queda afuera. Mirarse y entenderse con otro, nada más que eso, es una clase de intimidad construida con el tiempo.

En fin. La intimidad tiene un lenguaje, pero es, justamente, incapaz de compartirse con otros, de hacerse público. Compartir sería la palabra.

Si Wittgenstein dijo que "el lenguaje pinta las ideas" la literatura realista solamente es interesante cuando puede *pintar la intimidad*

viernes, 4 de diciembre de 2015

Stalker de ventanas



Acá estamos, otra vez, stalkeando ventanas

nadie miente, nadie gana

compartimos en silencio lo que nadie sabe

No tuve un buen día

Quisiera ser muda

Extraño comunicarme solo con miradas

"Tu foto me mira, pero vos no"

Extraño comunicarme solo con miradas

Me diste un corazón de Twitter

Vino el "Se siguen mutuamente"

Mandé solicitud en Facebook

"X y tu ahora son amigos"

No quiero ilusionarme

Capaz nos vemos en algún momento y todo se cae

capaz permanece la magia ¿quién sabe?

No sé, no hay señales, otras señales

Extraño comunicarme solo con miradas








martes, 1 de diciembre de 2015

Estados del deseo (III)


- La foto esa no me deja pensar

- ¿Tanto?

- Hasta algunos cambios físicos, mirá

- ¿Cómo cuáles?

- Algo de taquicardia y...cosas en la piel.

- :)

- Acá se siente un poco más de impunidad

- Es necesaria

- Igual a mi me da culpa pero vos un poco me estás tentando

- Tentarse es lindo, sentir culpa no. Un dilema. Pero todo fue espontáneo

- ¿Vos estás tentada o solamente halagada?

- Las dos

- Culpa por suerte no

- No, por suerte.

- Tiene que haber una trampa acá. Oficialmente lograste calentarme casi sin decir nada

- Las palabras no siempre tienen (o pueden) reemplazar las sensaciones

- Te quiero conocer.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Refresh

Cuando era chiquita me gustaba ir al último vagón de subte y mirar hacia atrás,
como iban quedando lejos las estaciones.
Un punto de luz y luego nada.
Lugar y tiempo. Lugar y tiempo. L u  g   a    r...  y  t i  e   m    p    o...


Subí a la terraza a mirar el cielo. 
Verano tiene a Orión, el cazador.
Pasó un meteorito y dejó una estela azul
¿Quién es capaz de desear en un instante? 
Nadie 

Me entrego a los sueños queriendo recordarlos. 
Un botón de refresh para el azar. 
Quiero estar suelta y tener los ojos vendados.




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Becerra

Hace 2 semanas, Juan José Becerra me manda solicitud de amistad. Acepté, y me encontré con esta entrevista. Coincido con casi todas las cosas que plantea. Me entusiasmé con el libro y apenas cobré me lo fuí a comprar. No creo en las casualidades.

http://www.lagaceta.com.ar/nota/658432//familias-se-sostienen-traves-sexo.html

sábado, 31 de octubre de 2015

La precisión II

Yo cometo el error de disfrazar con ternura el deseo. 
Quizás sería mejor mantener la tensión del silencio. 
Pero soy impulsiva.


Pasó el tiempo y todo parece simple y complicado al mismo tiempo.
No hay una forma de explicar la atracción. Cuando releo lo anterior siento que está exagerado, en el sentido de que las palabras son demasiado pomposas y el deseo es más bruto, más impulsivo.
Demasiada película que quedó en el aire . Demasiado desgaste diario en el espacio virtual del trabajo para que todo quede en nada.
B. no me habla, me clava el "visto" de todo lo que se habla por chat pero no me habla por chat a mí. Yo a él tampoco. Dejé de ser cariñosa...¿para qué?

Leo el historial del chat y veo las caritas, mis dosis de amor diario. Sus dosis también las veo, a su manera, mucho más distante, regalándome parte de su tiempo para ayudarme con algo. 
Esta es la parte más tierna, cuando la atracción estaba fresca todavía:

hola Ana, cómo va?
Vos sólo me hablás por trabajo... 😞
¿Qué pasó? No se qué hice mal. Todavía me gusta y tengo que lidiar con el puntito verde y la foto todos los días.
¿Por qué tantas vueltas?... estuve regalándome, quizás es eso. O quizás es simplemente histeria masculina. Nunca hubo deseo de verdad. La última vez que hablamos, cuando le dije que me gustaba mucho hablar con él me dijo "Lo sé". Quizás lo asusté, yo quería que pasara algo y no pensaba en lo que vendría después, no sé, es muy difícil manejar la atracción y más para mí, que me sale en modo de ternura porque tengo un monstruo adentro y el monstruo no es femenino. Pero si a él le pasara también.. los hombres tienen más libertad para soltar, más aún con señales del otro lado. No sé, aveces no entiendo porque no hizo nada y aveces me siento una pelotuda por insistir.

Hay días que quiero desaparecer de ahí. Así no lo veo más y me olvido, con el tiempo.

domingo, 4 de octubre de 2015

La precisión

Uno siempre termina moviéndose entre lo que desea y lo que teme. 
Son los verdaderos límites de la realidad.



I.

Venía desestimando la posibilidad de cualquier trabajo. Me había cansado de mandar currículums a alguna dirección de mail para no pasar nunca de una primera entrevista, aveces por voluntad propia. La desesperanza se me empezaba a notar en la cara. La sensación era siempre la misma. El trabajo era siempre vender algo, tangible o no, real o imaginario. Algo había que creerse o aparentar que uno se lo creía.

J. me mandó un mensaje porque había visto mi “Estado” de Facebook. Corregí rápido el currículum y se lo mandé, sin expectativas. A los tres días empecé una breve capacitación.

Cuando entendí un poco de que se trataba el tema empecé a mirarlo con buenos ojos. Trabajar desde mi casa no podía ser peor que tratar personalmente con gente desagradable, convencerla de algo que ni yo estaba convencida, engañarla, soportar quejas en algún call center, estar parada más de ocho horas seguidas…Era ideal dentro de lo posible, no tan contradictorio como la mayoría.

Hasta que vi la firma en esas fórmulas cuasi matemáticas. La vista se iba ahí. Tanta precisión en esas fórmulas…tiene que haber precisión en muchas cosas más, pensé.

La precisión era…precisión libidinal. Este tipo sabe. Sabe dónde, cuándo y cómo.

Después vi la foto de usuario con su correspondiente puntito verde de *online*. Nada mal, en la mirada estaba la misma punción viril. Era la imaginaria correspondencia penetrante.

La cantidad de noches que acaricié dulcemente la foto con el mouse. La cantidad de noches que me quedé conectada a mi mail laboral esperando un “hola”, una conversación inesperada, un puntapié, algo. Noctámbulo como yo.

Y la frutilla de la seducción vino por teléfono. Cuando le escuché la voz. No, no era una voz grave. Era una dicción justa. Nunca una pavada. Nunca una duda evitable. La combinación perfecta entre ironía y sutilidad. Y un poco de brutalidad encubierta. Vamos a decirlo, un hombre muy culto se vuelve un poco gay.



II.

J. ya sabía sobre mi efervescencia. No sé si estaba jugando a mi favor. Siempre venía con excusas.

Aveces pienso que me mintió. Como cuando me dijo que me espiaba. Que todo lo que yo subía a mi muro él lo miraba en su celular. Que lo cargaban por mí.
Yo intuía, con razones que solo la intuición puede dar, que esas bromas venían por otra o que era todo un invento.

Se fueron frustrando todos los posibles encuentros y mi humor también.

B. no resultó ser -en persona- un adonis pero tampoco dejó de seducirme. A esta altura de mi vida me calienta muchísimo más la inteligencia que un buen lomo.

Y el tamaño, el tamaño importa. Un tamaño justo, nada del otro mundo. Se trata de sentir.

Luego de una improductiva reunión laboral, que funcionó más de excusa que de cualquier otra cosa, me volví caminando triste. B. no dejó de poner distancia. No hizo chistes. Y el chocolate que le había comprado, que funcionaba más como metáfora que como devolución por ofrecerme su tiempo y sus explicaciones, me lo comí yo.
Descubrí que todas esas ganas de trabajar habían empezado con él y sin él se desvanecían.

Lo único que recuerdo fue la incomodidad que le ocasioné cuando me agaché para acomodarme el jean que se había metido adentro de la bota. Levantó la ceja. Frenó el paso.

Me miró el culo. Lo vi mirándome el culo, metiéndose debajo de la ropa, y me gustó. Me hubiera quedado agachada en esa pose toda la noche. El cuerpo me latía. Empecé a sentir calor. Me gustaría preguntarle que se imaginó.

Luego, el ascensor. El encierro en ese lugar tan chico frente a frente, evitando las miradas. El silencio hubiera sido evidencia. También soñé con ese ascensor y un espacio de intimidad inexistente. Un rose que desatara algo.

III.

Así pasaron dos meses. Dos meses casi sin hablarnos salvo por razones estrictamente laborales.

Algún que otro chateo breve de más. Tantas veces le dí a entender que lo quería...era un amor espontáneo. El exceso de caritas en el chat me delataba. El hacía hincapié en que sin humor no servía para nada. Yo hacía hincapié en que lo quería igual. No tenía que servir para algo.

Hasta que un día le escribí un mensaje. Era la única persona con la que tenía ganas de hablar. Imperiosas ganas de hablar, entre otras cosas.

Me llamó por teléfono. Hablamos más de tres horas. Tenía problemas con mi compu. Me ofreció ayudarme.

Desplegó toda una serie de teorías sobre su comportamiento masculino. Lo que no terminó de quedar claro es si conmigo era boicot o desinterés. Tenía claros porcentajes para tomar en cuenta ambas.

Yo pensé por dentro en que, además de devolverle la plata, tenía muchas muchas cuotas de otra cosa para ofrecerle. El problema era cómo.

Cómodas y extensas cuotas.Y nada más. Ni planteos ni planes, ni nada. En definitiva lo único que iba a hacerme feliz.
























martes, 16 de junio de 2015

Reseña de la novela Un verano


Reseñé la novela "Un verano" de Damián Huergo en Revista Aglaura

http://www.revistaaglaura.com/#!resea41-un-verano/c1cnr




sábado, 30 de mayo de 2015

Un vestido, una terraza.

Vos y yo nos “conocimos” por Facebook hace seis años.
Fuiste de los primeros que agregué, por sugerencia.
Unos anteojos con marco raro. Creí que te hacías el exótico o el gay. Me reí.
No conocía escritores. Presté atención a tu post sobre astrofísica. 
Me pareció raro en vos, pero simpático. Comenté.
Tus posteos y tus frases de esa época eran escuetas pero precisas.
Pasaron tres años hasta que te ví.
Me miraste fijo, había mucha oscuridad. Estábamos en una terraza.
Tenía puesto mi vestido blanco con lunares negros. 
Vos una remera oscura con algo que parecía punk.
Después te busqué con la vista entre gente borracha y desconocida. 
Al rato me fuí.
Sentí vergüenza de estar ahí. Tuvo que pasar un tiempo.
Otra vez, la misma terraza y con frío. Me ofreciste un choripán.
Dije que no y estaba asustada. No sé que pensaste de mí.
Si esa opinión cambió, si siguió siendo siempre la misma.
Supongo que no. En el medio me borraste y hace poco te volví a agregar.
En el medio te odié, te stalkeé, te leí. Te vi, en una presentación. 
Me viste. Me buscaste. Viniste a saludarme y nada más.
Te pensé, imaginé tu casa en línea recta desde mi terraza, 
cuando subía a mirar el cielo y a fumar. 
Doce, quince cuadras. 
De Avenida Gaona, serán algunas más.
Nunca te dí mucha bola, quizás porque las minas te adoraban.
Quizás porque llamar tanto la atención me parecía infantil. Me resistí.
Pero confieso que en esa época te imaginé y me masturbé. Más de una vez.
Estábamos acostados, desnudos, en una cama.
Yo estaba embarazada. La panza era grande y vos me abrazabas por atrás.
Haciendo cucharita entrabas y salías. 
Un poco como bestia y otro poco con suavidad. 
Me hablabas al oído. Yo gemía.
Me decías que me ibas a hacer muchos hijos, muchos, muchos más. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Estados del deseo (II)

Te imagino durmiendo entre libros
Si Aveces me quedo dormida con los libros al lado, la birome y el block de notas.
Pero vos me debés imaginar desnuda entre libros, que no es lo mismo.
Acertás
No era muy difícil
Soy muy predecible
No sé, te conozco un sola faceta. Y un par de cosas más.

Sabés lo importante
y eso ya es mucho


Me gustaría invitarte a casa
pero hoy hay mucha gente

domingo, 3 de mayo de 2015

Reseña de la novela La piel y Entrevista a Ezequiel Di Paolo (Especialista en AI)

Reseña de La piel de Juan Terranova en Revista Aglaura



















http://www.revistaaglaura.com/#!resea37-la-piel/cpft

Entrevista a Ezequiel Di Paolo, especialista en Inteligencia Artificial, en Revista Aglaura














Foto: Lilly Schwartz (2013)

http://www.revistaaglaura.com/#!entrevista9-a-ezequiel-di-paolo/c1fu4

martes, 21 de abril de 2015

El aburrimiento, el terror y los idiotas

https://medium.com/@anapaolini/el-aburrimiento-el-terror-y-los-idiotas-a86513009f3a

Soñé que estaba en Japón








Soñé que estaba en Japón. La primera imagen es en el free shop. Los muebles, el techo, el piso, todo es gris topo. Los colores vienen de los posters de publicidad y de los envases de perfumes o el resto de productos que suelen vender ahí. Quiero comprarme un perfume y hay tanta gente que tengo sacar número. El número lo emite una máquina, tiene una letra por el sector de lo que busco y un número de dos cifras. Decido sentarme en una fila de asientos similares a los que hay en cualquier lugar público de trámites. Me invade la sensación de que estoy en Anses. Es todo muy eficiente y la demora es breve. No necesito hablar en japonés ni en inglés. Tengo puestos unos auriculares y un dispositivo al que le hablo (como si fuera un nextel) y le traduce con mi misma vos en japonés lo que busco a una vendedora. A su vez, me traduce lo que la vendedora me contesta.
Le pregunto a la vendedora por un perfume de Cacharel. No hay. Le pido uno parecido de Issey Miyake y tampoco. Me quedo por unos segundos mirando el poster de un perfume de Kenzo que al lado tiene unos cuantos envases acomodados de forma simétrica para simular elegancia. Es blanco y tiene como varas sueltas y en relieve de lavanda. Las letras de Kenzo están en dorado. Me gusta mucho la mezcla de colores, la lavanda y el celeste lavanda. Cuando lo pido la vendedora me aclara que *ese es un perfume de trolas*. Le pregunto por qué me hace la aclaración y me contesta que no es algo que se sepa mucho afuera pero en Japón el 70% de las mujeres son lesbianas. Decido no llevar nada.
La imagen siguiente es frente a un ventanal muy grande que da a una calle céntrica y una peatonal perpendicular. Es una habitación cara de un hotel. Sigue siendo todo muy gris topo salvo los sanitarios y las sábanas que son blancas. Decoración nula o estilo minimalista. Afuera el gris se repite. Es el atardecer. El cielo se ve muy límpido entre los edificios. La calle se va quedando desierta. Los semáforos cambian de color pero no hay autos esperando para cruzar. Por alguna razón los japoneses han decido llevar un ritmo idéntico al del Sol. Parece que fuera la última habitante del mundo.

lunes, 16 de marzo de 2015

Stardust

Me tratabas bien, más de lo que esperaba.
No entendía bien por qué pero acepté.
La música era un puente firme que fuiste armando para cruzar
una por una, todos los días.
Me gustó tu voz,
la primera vez que la escuché desde un teléfono ajeno
una noche incómoda, de pura casualidad.
¿Qué te parece Manuel? No lo conozco pero Manuel es divino, contestaba yo.
La foto con libros de matemática, un pizarrón y tu pelo arbolado,
(eso que no supiste y sumó)
me transportaba en segundos a la infancia, una biblioteca y una barba
que hace años no está, no puedo ver ni  tocar.
Desde que aprendí a leer en mi casa estaba Apostol
Rey Pastor, Álgebra lineal y Lagrange.
Todavía los conservo con las hojas amarillas, el olor dulce y rancio
Y todos los que me compré yo, además.
Me dejé llevar. Nos vimos.
Caminamos mucho hasta encontrar un bar. Hablamos por horas.
Al otro viernes fuí a tu casa. La primera estuve un poco cohibida.
La segunda, la excusa fue para ir al cine.
La tercera, sin vueltas:
estar muchas horas cogiendo en la cama.
Era jueves, había pasado justo una semana.
Vine drogada de vos y me puse a escuchar Stardust.
Esa noche me imaginé con vos haciendo tantas cosas,
creí que era posible algún futuro juntos.
Todo lo que quisiste hacerme creer, lo sentí.
No necesité el gran desayuno ni los panqueques ni las fotos de ensayo gourmet;
nada de eso en realidad.
Pero nadie se indigesta de caricias.
Solamente el que actuó y no las pudo sentir de verdad.
¿Qué te parece Manuel? Manuel me parece un histérico y en el fondo
solo quería escuchar algún halago
para vivir tranquilo sabiendo que así y todo
estando lejos de ser un sex symbol, con esfuerzo y dedicación se puede garchar
a una mina muy linda igual que los demás.







miércoles, 25 de febrero de 2015

Hombre mariposa

Deseo decir
cosifico codific(arte)
que vengas a mi 
te repitas muchas veces
Hombre mariposa 
soy ignorante
mi cuerpo no conoce
los espacios y las formas

domingo, 18 de enero de 2015

Soñé con Frank Sinatra y un living

Soñé con Frank Sinatra y un living minimalista de los 50. Piso damero, sillones blancos rectangulares, paredes blancas y mucha luz. Un par de zapatos de taco fino y rosa chicle cambiaban de lugar, de una esquina a otra, al pie de un sofá o una mesa de luz. Tenía puesto un delantal, debajo se notaba la falda de un vestido marilyn con mucho vuelo. Mientras acomodaba y limpiaba con un trapito, Frank me miraba por detrás. Las visitas estaban por llegar y yo limpiaba corriendo los zapatos con apuro y nervios. Frank me tomó por la cintura y me dijo algo al oído. Su mano sobre mi cuerpo acaparaba mucho más que mi cintura, yo era manipulable a la medida de sus intenciones. Seguí limpiando. Las visitas se acomodaron y no les presté atención. Los zapatos rosas seguían siendo lo más visible de todo, como algo que uno se esmera en ocultar y no puede. Cuando se fueron las visitas -cuyo motivo nunca comprendí- Frank estaba en la cocina. Lavaba los platos con desencanto de rutina. Ahora yo lo miraba de atrás y algo me preguntó. Hubo silencio. Le acaricié los hombros y lo abracé. El soltó todo se dió vuelta y me besó estilo novela.
Pienso en el rosa y sus *significantes*.

martes, 13 de enero de 2015

Notas (II)

Falta un Hobsbawm que escriba más sobre esta era. Algunas cosas advirtió en Entrevista sobre el siglo XXI. Desde el pequeño atentado en Francia me llama desde la biblioteca.

Falta un capítulo con el  título "La era de la inmunidad afectiva".
La era de la inmunidad afectiva empezó en los 80 o en los 90, sin que nadie lo note.
Empezó con el uso del preservativo.
No por ser un anticonceptivo. No. (Aunque cabría agregar que si bien estoy a favor de legalizar el aborto,   -para que no salten los unidimensionalistas de algún pro- el hecho de elegir no tener hijos -hoy por hoy- y más allá de que sea el símbolo de una libertad conquistada, es también el símbolo de otra inmunidad afectiva. Los hijos no se deshacen una vez que aparecen en la vida real. Las otras relaciones, sí.)
Boyhood, película con bastante estética y cultura norteamericana, mete el dedo en la llaga de todo aquel que haya sufrido o tenga miedo de sufrir y practique la inmunidad afectiva.
Si, la era de la inmunidad empezó con el preservativo. El no contacto de la piel con la piel. De mi yo completo con otro yo, sin parcialidades. Porque todo empieza ahí. La sexualidad es el 50 % de una relación con algún futuro. La percepción en sentido amplio empieza por el cuerpo, la libertad también. El feedback con nuestra mente (o nuestra psiquis) empieza así.
Casi que me gustaría investigar y me animo a pensar en cuanto se habrá desarrollado la industria pornográfica desde que el preservativo es de uso universal.
En que se convirtió la sexualidad desde que existe el imperativo del forro. Cuántos fantasmas se crearon en derredor. Es un muro, un tabú del que no se puede hablar.

martes, 6 de enero de 2015

Invisible (a la nostalgia)






















Deconstruccionismo o Relatividad General.
No importa por dónde intentar un desglose.
Mirarnos el pie afuera o la tele prendida, frontal.
Abrir veinte pestañas o escuchar un auto que frena
y vuelve a arrancar.
Contemplar el atardecer o un ombligo convexo.
Las paredes quietas, las medidas estándar de un living,
mirar relojes de Buenos Aires o China en GTM u hora local.
Un imán mueve a otro, aveces no vemos las sincronías.
No siempre se percibe la simetría, oıɔɐdsǝ ʎ odɯǝıʇ
Tiempos y espacios diversos,
aveces conversan en idiomas extraños.
Mirar el mar a pesar de las intenciones.
Nadar contra la corriente, ver al surfista o un barco al andar.
La técnica no asegura, la estadística miente.
Podés volver a la misma orilla.
Podés volver y no darte cuenta.
Podés volver (incluso) al mismo punto exacto
y la orilla puede verse distinta.

lunes, 5 de enero de 2015

Lo que no sabés

Nuestra amistad tiene fecha de inicio: noviembre del 2012.
Mientras fue amistad estuvo bajo un legajo virtual,
un ida y vuelta espaciado, espontáneo,
sin que medien necesidades, sin deseos de voluntad.
Al menos, de mi parte.
Hasta que un día quisiste conocerme.
Di vueltas, muchas vueltas.
"Mirá que yo no muerdo" me escribiste.
Me pregunté porqué. Pregunta estúpida, quizás.
¿Con que Ana imaginaste un encuentro?
Las experiencias y los hábitos fueron criando mi desconfianza.
Después del cine y del bar, empezamos a caminar.
Parecía -por momentos- una amistad vieja.
Me gustaron mucho tus ojos, tu mirada.
Me preguntaste si me podías sorprender. Te dije que sí.
Y después del beso, la obviedad.  Ya nada fue igual.
El tiempo empezó a correr, a medirse de otro modo.
Nos vimos dos veces más.
Nos excitábamos demasiado rápido.
Empecé a extrañarte, entre una y otra, a desearte con mucha intensidad.
En mi cabeza construí un Pablo distinto al anterior. No necesariamente uno más real.
Entre un preservativo y otro te reías mucho conmigo
Fue quizá la mejor señal de que era algo que deseaste encontrar.
Yo en cambio adoré tu cuerpo entero, tus silencios,
tu escasez de palabras, siempre lo justo y verte dormir.
Me planteo si inventé algo de más, antes de que te fueras.
Tus vacaciones me parecen interminables.
Me despedí por Mensaje Directo,
fuí cariñosa sin mostrar vulnerabilidad.
No quise saludarte para año nuevo, esperaba que lo hicieras vos.
Aveces dudo y creo que volviste. Las redes permiten la evasión.
Todo lo alimentó un instante,
dijiste algo sobre una relación larga y la nostalgia.
Alguna distancia mínima que se interpuso entre los dos.
Una mala señal es una mala señal, no necesita intérprete.
Dejé tu legajo abierto.
Me pregunto en que quedó lo que hubo,
en que me convertí ahora que no hay un eco ni escucho tu voz.
Tengo un ¡Feliz año nuevo! atravesado sin enviarte.
Una mordida que no quisiste dar.
y también algunas cosas más, pequeños planes que todavía no sé si me conviene mandar.




Algunas consideraciones sobre las redes sociales

https://medium.com/@anapaolini/algunas-consideraciones-sobre-las-redes-sociales-5004f2aa5865

domingo, 4 de enero de 2015

Es mi culpa

De chica maté un pescado. Tenerlo en una pecera no era suficiente. Lo aplasté con los dedos, buscaba tocarlo. También hice lo mismo con un hamster. Lo atrapé, me mordió y lo revoleé por los aires. Quedó con las patas rotas. Se deprimió. No quiso comer más. Sentí culpa. Con un canario intenté hacer lo mismo, pero al sentir el miedo del animal, lo solté. Nunca se sentiría cómodo entre mis manos. Los gatos nunca me gustaron mucho.
Practicar cacería o pezca supone un arte. El arte de aparentar desinterés. El arte de saber esperar el momento justo. El arte de seducir con algún veneno. El arte de la maldad inoculada con destreza, el disfraz.
Lo único que buscaba era que el pez sintiera que yo no buscaba matarlo, solamente quería tocarlo. Lo mismo con el hamster. Lo mismo con el canario.
Como los gigantes, que son malos hasta que alguien los quiere. 
Si practico es cacería instintiva. Lo otro requiere una seguridad que yo no tengo. Requiere conocer a diestra y siniestra los pasos de la histeria, la hipocresía. Hacerlo es casi una humillación para mi. Pero por alguna razón los hombres se acercan, igual. Por alguna razón la humillación no me es ajena y termino sintiéndome como un regalo con moño que nadie esta interesado en abrir. Yo estoy cada vez más desconfiada y ¡oh, la paradoja!: la desconfianza es el motor que a ellos los mueve. Aveces siento que los odio. Aveces pienso que voy a terminar siendo lesbiana. Es estúpido, puro desquite de amores no correspondidos.
Es curioso que los que se quedan, los que siguen intentando seducirme sin salirse, pasan desapercibidos. Como si la huída fuera algo intrínsecamente masculino. 
Cada vez percibimos más el tiempo. Cada vez ahorramos más tiempo. Las redes nos convirtieron en un producto autogestionado. Comprás el producto, lo usás, lo gastás en ilusiones, lo idealizás, te "masturbás" de mil maneras. La calentura se enfría y el producto queda ahí, de adorno.
Odio a los hombres que actúan como peces, cada vez los odio más. Y en ese odio que crece lo que no puedo ver es que ir contra algo es estar buscándolo, todo el tiempo.


Es mi culpa creer. 
Tener que se puede entre las manos:
un pez que no salte
un hámster que no muerda
un canario que no se agite
un mono que no amase
un hombre que no huya